Aprendí su énfasis en la vida de transición
e ir de la nada hacia la nada y su reiteración.
No comprendí nunca ese espasmo ni mi espanto
pero me marcó la vuelta y sus secuelas.
Desde entonces soy comienzo de nada
y fin de nada y lo demás.
Volvernos pequeños es toda aventura
aunque he visto gente de por sí minúscula
que hace de su miniatura la gran eclosión.
Hacernos grandes para huirnos y perdernos
pero he leído de abstracciones a concreciones
y único abstracto concreto mi pulgar izquierdo.
El retorno es tan eterno e inextinguible
como el eterno inicio con todos los dolores
conjugados entre nacer y morir
como ese retorno desde tinieblas y blasfemias
donde espera solo una cama donde soñar
luego de retornar entre pasos y liendres.
Mi madre tenía razón cuando decía
que todo origen está en el final
y todo final se hace desde el inicio.
Recuerdo vigentes sus ojos vivos iluminarse
entre las nubes de su sonrisa
que nos retorna a lo eterno y viceversa.
Volver y retornar y hacerse presente
quizá sea la carta marcada de la muerte
o la tirada forzada de la vida
quizá la fortuna del rico que atesora
o la desgracia del pobre que lamenta.
El cielo y la muerte entre celosa luna.
Una vez dijo con semblante victorioso
que entre líneas la recordaría
tal vez como sombra de interminable párrafo
que me haría falta para cerrar un ciclo.
La cordura la perdí con el nacimiento
pero conciencia bebí en sus reiteraciones.
Mi correo es ricardocaballerodelarosa@gmail.com















