El tercer mes de Octubre, es decir hoy, se celebra el día de la Dignidad, esta cualidad humana -según el diccionario- que permite a las personas hacerse valer, comportarse con responsabilidad, seriedad y con respeto hacia sí mismas y hacia los demás y no dejan que las humillen ni degraden; en términos llanos: “no se sienten superiores, ni inferiores a nadie”.
Este concepto ligado a los derechos humanos, columna para el desarrollo de la democracia en los países como un modelo de gobierno en el que se pone por encima la dignidad de las personas y sus derechos humanos, ha permeado en las últimas décadas.
“Desde la creación de las Naciones Unidas los derechos humanos dejaron de ser un tema de interés interno de los países, para convertirse en un tema central del derecho y las relaciones internacionales. Es sorprendente la manera en que han crecido en los últimos tiempos las actividades de la comunidad internacional en el ámbito de la tutela y protección de los derechos humanos, así como se han desarrollado y perfeccionado tanto los instrumentos que los consagran como los organismos dedicados a su tutela y promoción”, refiere el artículo “Reflexiones sobre la dignidad humana en la actualidad”, del investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, Víctor Martínez Bullé-Goyri.

Pero más allá del dogma político que se ha robustecido con leyes sobre derechos humanos y dignidad de las personas, existe un deseo intrínseco en las personas a ser tratadas con respeto, con humanismo y tal vez porque no decirlo con aprecio.
Es aquí donde los invito a reflexionar en torno a cómo estamos ejerciendo esa dignidad hacia nosotros mismos y hacia los demás. ¿Cómo contribuir a engrandecerla? ¿Cuáles son los caminos, más allá de los legales y correctamente políticos? Me parece que abonando a una visión simple es que debemos tener muy claro que el hombre, debe defender su valor como sujeto, nunca como objeto y tener muy presente que la dignidad “no se vende”, porque al hacerlo estaremos poniendo precio al ser humano.
Dentro de este camino hacia un trato digno a las personas, quiero poner como ejemplo a los niños con discapacidad quienes son víctimas de discriminación con una frecuencia 3.7 veces mayor a los que no lo son y como consecuencia de ello se les afecta en su autoestima, limita su calidad de vida y aumenta su agresividad. Por ello, debemos tratarlos con dignidad y respeto. Hacernos amigos de ellos les ayudará a superar sus problemas.
Asimismo, temas, como la eutanasia o morir con dignidad; el trabajo como un derecho humano en el que exista un trato digno; la no discriminación hacia los grupos minoritarios y en general otros temas que tal vez puedan aparecer en el futuro, será necesario reflexionar y establecer consensos sociales y siempre se deberá poner como el centro al Ser Humano, ese ser complejo que por naturaleza tiene que esforzarse para apalancar nuevas formas de convivencia que le permitan alcanzar la plenitud a la que todos hemos sido llamados. Recuerden que “la forma en la que tratamos a las personas puede marcar su vida”.
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