Vestí el alma que forjaré algún día y abracé mucho antes del mundo. Mientras me formo esta alma y convivo con ella en la esperanza de que aprenda su pasado.
Como empieza termina y germina por el precoz actuar de lo que se vuelve hacedor creativo.
Con la siempre alma a cuestas definí aquella frontera en que me encuentro absolutamente enorme conmigo mismo y sentí aliviados temores y naufragios otrora expurgados pero dejados en sus vaivenes al son de olas en sus últimas ondas coetáneas.
Un barco inundaba océanos y crestas de objetos en mercados convertidos y en espejos de aquel cosmos iluminado por el sol de la imaginación traducida en férreos determinantes de pausas y bosques con que regalaba a las sienes la paciencia de la observación preclara.
Vestido así traduje los atuendos en harapos de la nueva disciplina: el alma nueva revertía ya la realidad quimérica de las sombras y aquella frontera iniciática quedaba atrás con los concéntricos dibujos provocados por el fantasma del viejo acero.
Era plena y ardiente. Se ampliaba y reñía con todo. La túnica que dejaba atrás la otra ropa. La nueva forma que desaparecía la vieja forma. Fantasma por fantasma, risa por risa, estirón por estirón. El lúgubre camino para su remoción por el afán protagónico del que ya es presente.
Alma por alma. Nacimiento del amor frente a su paso despiadado como límite de corazón. Inicio amante del amante que deja de ser y cristaliza las fórmulas de pasionales eternos. Comienzo bajo el auspicio de la bóveda que se lleva a cuestas nuevamente como fronteras cerradas pero abiertas otra vez. Sentido con dolor de parto y alumbramiento del amor sereno de la majestad serena. La cabeza hasta el cielo y los pies fundidos con magma inocente.
Drama de la redención. La mirada que desde abajo atisba porvenir. El cuento viejo de la conciencia que dentro del mar respira fuerte para tragarse su autoestima y renacerla como oxígeno espacial.
Milagro primaveral en invierno generoso, un invierno que en su blancura pregunta por su respirar en el regreso como frontera cuya línea resplandece en el tiempo. Su respuesta que le llega como madrigal desde el ostentoso rapto de la tierra que se autoconsume cual ceniza: creatividad de dentro hacia el afuera que hipnotiza el talento amoroso del timonel de tus sentimientos.
La vuelta al mundo y te abrazo con el amor que amó para dejar amar. Lo que termina reinstala el soplo invisible de una historia que se consume como inicio.
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