Cada 23 de septiembre se conmemora el Día Internacional contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres, Niñas y Niños, una fecha que pone sobre la mesa una de las formas más graves de violencia y vulneración de derechos humanos.
En México, las mujeres y niñas se encuentran entre los grupos más afectados por la trata, particularmente cuando tiene fines de explotación sexual.
Hay violencias que no siempre comienzan con una amenaza.
A veces comienzan con una promesa. Un empleo. Un viaje. Una relación amorosa. Una oportunidad para ganar dinero.
Una vida aparentemente mejor.
La trata de personas puede comenzar precisamente así: con el engaño, la manipulación o el abuso de una situación de vulnerabilidad, hasta llegar al control, la explotación y la violencia.
Por eso, hablar de explotación sexual no es hablar de “elecciones personales” cuando existe coerción, engaño, violencia o abuso de poder. Es hablar de derechos humanos.
Una violencia que tiene rostro de mujer
En México, las mujeres y niñas están entre los grupos considerados particularmente vulnerables frente a la trata de personas.
El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública señala que, a nivel mundial, las mujeres adultas representan 51% de las víctimas detectadas de trata y que, al sumar mujeres y niñas, alcanzan cerca de 71%. Además, casi tres de cada cuatro mujeres y niñas víctimas de trata son explotadas sexualmente. (Gobierno de México)
En México, los registros oficiales también muestran una marcada diferencia por sexo. Durante el primer semestre de 2024 se registraron 388 víctimas del delito de trata en el fuero común; 283 eran mujeres, equivalentes al 73% del total registrado. (IIEG)
Son cifras que obligan a mirar el problema desde una perspectiva de género.

No es prostitución: es explotación
Uno de los grandes retos para combatir la trata es evitar que la sociedad normalice o confunda conceptos.
La explotación sexual vinculada con la trata implica que una persona es captada, trasladada, recibida o retenida mediante determinados medios —como engaño, amenazas, fuerza o abuso de una situación de vulnerabilidad— con el propósito de explotarla.
La Secretaría de Gobernación advierte que las víctimas pueden ser captadas mediante anuncios falsos, falsas promesas de empleo o mejores condiciones de vida, así como mediante relaciones sociales o afectivas que terminan convirtiéndose en mecanismos de control.
No hay consentimiento válido cuando existe coerción, violencia, engaño o sometimiento.
Y mucho menos cuando se trata de niñas, niños o adolescentes.
El “enamoramiento” también puede ser una forma de captación
Hablar de trata exige derribar otro mito: que las víctimas simplemente “se fueron con alguien”.
La captación puede aprovechar vínculos emocionales.
Una persona puede ganarse la confianza de una adolescente, ofrecerle afecto, prometerle una relación, independencia económica o una vida distinta y, posteriormente, aislarla de su entorno.
La propia información oficial mexicana reconoce el engaño y el enamoramiento entre las formas utilizadas para enganchar a víctimas.
Por eso la prevención no debe convertirse en vigilancia permanente de las mujeres.
La responsabilidad no es de quien fue engañada. La responsabilidad es de quien engaña, somete, explota y obtiene ganancias de esa violencia.
¿Cómo detectar posibles señales de trata?
No existe una sola señal que permita identificar todos los casos, pero hay situaciones que pueden generar alerta:
- Una persona parece estar controlada por alguien más y no puede decidir libremente dónde ir o con quién hablar.
- Alguien más retiene sus documentos, dinero o teléfono.
- Existe vigilancia constante sobre sus comunicaciones o movimientos.
- Tiene miedo de hablar sobre su trabajo, domicilio o relaciones.
- Presenta lesiones, amenazas o señales de violencia.
- Alguien más responde siempre por ella.
- Se observan ofertas laborales poco claras, especialmente cuando prometen ingresos extraordinarios sin requisitos razonables.
- Una relación aparentemente afectiva presenta aislamiento, control económico o amenazas.
- Niñas, niños o adolescentes son contactados por adultos mediante redes sociales con promesas, regalos o propuestas que buscan alejarlos de su entorno.
Una señal por sí sola no demuestra que exista trata, pero puede justificar pedir orientación o reportar una situación que genere preocupación.
Redes sociales: un nuevo territorio de captación
La digitalización también ha modificado las formas de contacto entre víctimas y tratantes.
Las redes sociales permiten establecer vínculos aparentemente personales con personas desconocidas, publicar ofertas laborales o utilizar identidades falsas.
Por ello, hablar de prevención también implica enseñar a niñas, niños y adolescentes a identificar perfiles sospechosos, proteger información personal y comunicar a una persona adulta de confianza cualquier propuesta que les genere incomodidad o miedo.
La prevención digital no debe basarse únicamente en prohibiciones.
Debe construirse desde la educación, la confianza y el acompañamiento.
Una fecha para dejar de preguntar “¿por qué no se fue?”
Tal vez una de las preguntas más injustas que se hacen a las víctimas es:
“¿Por qué no escapó?”
La pregunta debería ser otra:
¿Qué hizo posible que alguien pudiera someterla, controlarla y explotarla durante tanto tiempo?
Porque una mujer bajo amenazas no está tomando decisiones en libertad.
Una adolescente manipulada emocionalmente no está viviendo una historia de amor.
Una persona a quien le retienen sus documentos, su dinero y su libertad no está simplemente “trabajando”.
Y una niña nunca puede ser responsable de la explotación sexual de la que es víctima.
















