La ciudad de Greenock, ubicada en la costa oeste de Escocia, busca atraer a migrantes y refugiados como parte de una estrategia para frenar la disminución de su población, un problema que ha afectado a la región durante décadas.
La localidad forma parte de Inverclyde, una de las zonas de Escocia más golpeadas por la despoblación. Desde 1981, la región ha perdido alrededor de 22 mil habitantes y las proyecciones indican que su población actual podría reducirse un 16% durante las próximas dos décadas.
Ante este panorama, el ayuntamiento local busca que más personas decidan establecerse en la zona, incluidos migrantes que llegan legalmente al Reino Unido y personas que ya han obtenido el estatus de refugiado.

En los últimos años, cientos de personas procedentes principalmente de países africanos se han mudado a Greenock, atraídas en parte por el costo accesible de la vivienda. Muchos trabajan o estudian en ciudades cercanas como Glasgow y algunos se desempeñan en sectores como la salud y la asistencia social.
Sin embargo, el plan enfrenta un importante desafío: la falta de empleo. El cierre y traslado de diversas empresas ha provocado la pérdida de miles de puestos de trabajo, mientras algunos habitantes consideran que la llegada de nuevos residentes solo será sostenible si existen suficientes oportunidades laborales.
La estrategia de Greenock abre así un nuevo debate sobre el papel de la migración en las ciudades afectadas por la despoblación, donde atraer nuevos habitantes podría ayudar a mantener comunidades que durante años han perdido población, servicios y actividad económica.
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