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Dallas: donde todo se hace en grande

Dallas es una de esas ciudades que, para muchos, es primero un aeropuerto antes que un destino. En mi caso, así fue el primer encuentro. Corría el año de 1975 cuando hice escala en Dallas rumbo a Minnesota. Volaba con Braniff International Airways, una aerolínea que ya no existe, pero que dejó una huella imborrable en la historia de la aviación. Le decían The Flying Colors: aviones pintados en una amplia gama de colores sólidos, como si el arcoíris hubiera decidido despegar. Era otra época, otro ritmo, otro Estados Unidos.

Dos años después, en 1977, Dallas dejó de ser solo un punto de conexión. En un viaje por carretera desde Minnesota, el trayecto terminó en esta ciudad texana, permitiéndome conocerla y recorrerla por primera vez. Desde entonces, mi relación con Dallas ha sido constante, muchas veces ligada nuevamente a conexiones aéreas, pero siempre reafirmando su papel como uno de los grandes nodos urbanos de Estados Unidos.

Dallas es una ciudad compleja. Forma una mancuerna urbana con Fort Worth —ciudad vecina con personalidad propia y marcadas diferencias—, pero Dallas ha sido históricamente uno de los epicentros económicos, políticos y petroleros de Texas, y por extensión, del país. Aquí se respira ese espíritu tan texano donde todo se hace en grande: las avenidas, las casas, los automóviles, las porciones de comida y hasta la ambición de sus proyectos.

No es casualidad que Dallas sea sede de uno de los estadios más grandes del mundo: el AT&T Stadium, casa de los Dallas Cowboys y escenario central de la próxima Copa del Mundo. Este estadio albergará nueve partidos, convirtiéndose en el recinto con mayor número de juegos durante la justa mundialista. Más que un estadio, es una declaración de intenciones: tecnología, escala y espectáculo al más puro estilo texano.

Y hablar de Dallas sin hablar de su comida sería un error. El BBQ texano es una institución. Pero conviene aclararlo: BBQ no es solo “carne asada”. Es una técnica, una tradición y casi una religión. La carne se cocina lentamente durante horas, a baja temperatura, con humo de maderas específicas que le dan carácter y profundidad de sabor. En Dallas, los ribs (costillas), el brisket, el pork belly y las salchichas artesanales se sirven con orgullo, acompañados de pan, encurtidos y salsas que varían según cada casa. Aquí, el BBQ no se come: se honra.

Cerca del aeropuerto internacional de Dallas–Fort Worth se encuentra un lugar que rompe muchos estereotipos: Grapevine. Sí, vino en Texas. Esta ciudad ha construido una identidad alrededor de la producción vitivinícola y del turismo, combinando bodegas, festivales y un encanto casi inesperado en esta parte del país. Grapevine también alberga uno de los centros comerciales más grandes de Estados Unidos, recordándonos que en Texas, incluso lo cotidiano, se lleva a otra escala.

Dallas es historia, es petróleo, es poder económico, pero también es memoria personal, caminos recorridos y ciudades que crecen sin pedir permiso. Hoy, el Mundial volverá a ponerla en los reflectores del mundo, confirmando algo que Dallas siempre ha sabido: aquí, las cosas no se hacen pequeñas.

Viajemos juntos.

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