En una época en la que se esperaba que las mujeres limitaran su vida al hogar, Matilde Petra Montoya decidió apostar por el conocimiento, la medicina y la autonomía profesional, enfrentándose a prejuicios, discriminación institucional y exclusión académica.
Matilde Montoya Lafragua no solo fue la primera mujer médica en México; fue una pionera que rompió barreras legales, sociales y culturales en un país que, en el siglo XIX, negaba a las mujeres el derecho a estudiar una carrera universitaria.
Su historia es un ejemplo temprano de resistencia feminista, perseverancia y vocación por la ciencia y el servicio social.
Infancia y formación: una vocación que comenzó temprano
Matilde Montoya nació el 14 de marzo de 1859 en la Ciudad de México. Desde niña mostró una inteligencia sobresaliente; aprendió a leer y escribir a los cuatro años, lo que ya desafiaba los parámetros educativos impuestos a las mujeres de su tiempo.
Ante la imposibilidad de acceder fácilmente a estudios profesionales, inició su formación como partera, una de las pocas áreas de la salud socialmente “permitidas” para mujeres. Sin embargo, su interés iba mucho más allá: Matilde quería ser médica cirujana.

El camino para convertirse en doctora: resistencia y lucha institucional
Decidir estudiar Medicina fue un acto profundamente político. Matilde Montoya enfrentó rechazos de universidades, ataques públicos, críticas en la prensa y cuestionamientos morales por “invadir” un espacio considerado exclusivo de los hombres.
Ingresó a la Escuela Nacional de Medicina, donde fue víctima de hostigamiento académico y social. Algunos profesores y compañeros argumentaban que la presencia de una mujer “no era adecuada” para el ambiente universitario.
El obstáculo más grande llegó cuando se le negó el derecho a presentar su examen profesional, ya que la legislación no contemplaba a mujeres como candidatas a un título médico. Ante esta injusticia, Matilde recurrió directamente al entonces presidente Porfirio Díaz, quien intervino para que se le permitiera presentar su examen.
Finalmente, en 1887, Matilde Montoya se convirtió oficialmente en la primera mujer médica titulada en México, un hecho histórico que abrió el camino para generaciones de mujeres en la ciencia y la medicina.
Ejercicio profesional y compromiso social
Matilde Montoya ejerció la medicina con un fuerte enfoque social, atendiendo principalmente a mujeres y personas de escasos recursos. Su práctica se distinguió por la empatía, el trato digno y la comprensión de las necesidades específicas de las mujeres, algo poco común en una medicina dominada por hombres.
También participó activamente en asociaciones feministas y científicas, defendiendo el derecho de las mujeres a la educación, al trabajo profesional y a la autonomía intelectual.
Una mirada feminista a su legado
Desde una perspectiva feminista, Matilde Montoya representa una figura clave en la lucha por la igualdad de oportunidades, el acceso a la educación superior y el reconocimiento del talento femenino en espacios históricamente masculinizados.
Su historia demuestra que la exclusión de las mujeres no estaba basada en incapacidad, sino en estructuras legales y culturales diseñadas para limitar su desarrollo. Matilde no solo conquistó un título: cuestionó un sistema entero.
Acerca de Matilde Montoya
- Fue la única mujer en su generación dentro de la Escuela Nacional de Medicina.
- Su examen profesional se realizó ante una audiencia llena, debido a la expectación pública que generó su caso.
- A pesar de las críticas, mantuvo siempre una postura discreta y firme, evitando la confrontación pública directa.
- Nunca abandonó su compromiso con la educación femenina y apoyó a jóvenes interesadas en carreras científicas.
- Vivió hasta los 79 años, falleciendo en 1938, dejando un legado que hoy sigue vigente.











