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Carlos Castro, el periodista que fue asesinado en Poza Rica

Un periodista fue asesinado a balazos la tarde de este jueves, un crimen que vuelve a sacudir al gremio periodístico y a encender las alertas sobre la violencia contra la prensa en México.

La Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas, organismo autónomo del gobierno regional, confirmó el homicidio de Carlos Castro, de 26 años de edad, y expresó su condena a través de un comunicado oficial.

En el pronunciamiento, la Comisión exigió que el crimen “sea investigado de manera exhaustiva”, una demanda que refleja no sólo la gravedad del hecho, sino la urgencia de frenar la impunidad que rodea los asesinatos de comunicadores en el país.

Veracruz, un territorio hostil para ejercer el periodismo

De acuerdo con versiones difundidas por la prensa nacional, Carlos Castro fue atacado por hombres armados mientras se encontraba en un restaurante del municipio de Poza Rica, en el norte del estado de Veracruz.

El periodista cubría la fuente policíaca y era director del medio digital local Código Norte Veracruz, además de colaborar con otros portales informativos de la región.

México arrastra desde hace décadas una crisis estructural en materia de seguridad para periodistas.

Más de 150 comunicadores han sido asesinados desde 1994, según datos de Reporteros Sin Fronteras (RSF), una cifra que retrata un escenario alarmante para la libertad de expresión.

Con este crimen, Carlos Castro se convierte en el primer periodista asesinado en México en 2026.

Tan solo el año pasado, considerado uno de los más letales para la prensa a nivel global, seis periodistas o trabajadores de medios fueron asesinados en el país, de acuerdo con el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ).

Amenazas previas a Carlos Castro

Un reportero de Poza Rica que acudió al lugar de los hechos y solicitó el anonimato por razones de seguridad, relató que policías estatales, municipales y elementos de la Guardia Nacional acordonaron la zona alrededor de un establecimiento de comida, donde se realizaron las diligencias correspondientes para el levantamiento del cuerpo.

La indignación crece al conocerse que Carlos Castro tenía una hija y que había regresado recientemente a Poza Rica tras pasar varios meses fuera del estado, luego de haber recibido amenazas.

Pese a ello, contaba con medidas de protección otorgadas por la comisión estatal, un dato que obliga a cuestionar la eficacia real de los mecanismos de resguardo para periodistas en riesgo.

Veracruz continúa siendo una de las regiones más peligrosas para ejercer el periodismo, marcada por la presencia del crimen organizado y una larga historia de agresiones contra la prensa.

Poza Rica, uno de los lugares más peligrosos de Veracruz

Apenas en diciembre pasado, el reportero Rafael León Segovia fue detenido y acusado de “terrorismo”, un hecho inédito en México que incluso provocó un pronunciamiento de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Aunque posteriormente un juez reclasificó el caso y lo procesó por encubrimiento y por actuar presuntamente contra instituciones de seguridad pública, dictándole arresto domiciliario, organizaciones como Artículo 19 denunciaron que su “delito” fue haber llegado a una escena del crimen antes que las autoridades.

Para esta organización defensora de la libertad de expresión, la resolución judicial constituyó un grave acto de criminalización de la labor periodística.

Hasta el momento, las autoridades no han proporcionado información sobre posibles responsables ni sobre el móvil del asesinato de Carlos Castro.

El silencio oficial, una vez más, profundiza la sensación de abandono, miedo e indignación que enfrenta el periodismo en México, y deja abierta una pregunta incómoda pero necesaria: ¿cuántas muertes más serán necesarias para que informar deje de ser una sentencia de muerte?


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