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México se escribe también en voz de mujeres jóvenes

Las mujeres en México están ocupando espacios que durante décadas les fueron negados, y aunque todavía estamos “en pañales” en el tema, el avance es innegable.

La participación de mujeres jóvenes en un Parlamento Estatal (Primer Parlamento Estatal de Mujeres Jóvenes) no es un acto simbólico menor, es una señal clara de que las voces femeninas ya no están confinadas a la observación, sino que empiezan a influir en la toma de decisiones, en la agenda pública y en la construcción del futuro.

Durante mucho tiempo, a las mujeres se nos dijo que la política no era para nosotras, que el poder era un terreno áspero, masculino, ajeno. Hoy, cada vez más mujeres jóvenes están sentándose en mesas donde antes no había ni una silla para ellas, y su voz está siendo escuchada. Y no, no llegan a repetir discursos ajenos, llegan a plantear necesidades reales, a sugerir ideas innovadoras, a cuestionar estructuras y a exigir condiciones distintas y eso, sin duda, transforma.

Que existan parlamentos de mujeres jóvenes no es un favor ni una concesión, es una respuesta necesaria a una deuda histórica, pues estos espacios permiten que las nuevas generaciones comprendan que su opinión tiene peso, que su experiencia importa y que su edad o su género no las invalida. Además, envían un mensaje potente: el liderazgo femenino no es una excepción, es una posibilidad real y cada vez más frecuente.

Desde una mirada feminista, lo relevante no es solo que las mujeres estén presentes, sino que estén influyendo, que participen en la discusión de políticas públicas, que hablen de deporte, de juventudes, de derechos, de desigualdades y de oportunidades, y que el Estado escuche a mujeres jóvenes es una forma de reconocer que el futuro no se construye sin ellas.

Claro que aún falta camino, más mujeres en espacios de poder no significa automáticamente igualdad, pero sí es un paso decisivo, ya que cada mujer que toma la palabra abre una puerta para muchas más y cada espacio ganado reduce el margen de quienes quisieran regresarnos al silencio.

México está viviendo un momento en el que las mujeres no solo piden lugar ¡lo están tomando! Y eso es bueno, es sano para la democracia, necesario para la justicia y urgente para una sociedad que no puede seguir decidiendo su rumbo dejando fuera a la mitad de su población, porque cuando las mujeres participan, el poder deja de ser exclusivo y empieza, por fin, a ser colectivo.

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