Desde la voz firme de una hermana que no calla ante lo injusto, Helena Monzón ha lanzado una llamada clara: el juicio por el feminicidio de su hermana Cecilia debe terminar antes de que cierre el año.
No es un capricho: es una demanda de justicia real, urgente y humanamente necesaria.
Cecilia Monzón fue una abogada, activista, defensora de los derechos humanos; su vida fue cobardemente arrebatada en 2022 y el proceso para hallar justicia ha sido largo, doloroso, marcado por inconsistencias y legalidades que parecen buscar más desgaste que resolución.
Helena ha sido, desde el primer día, no sólo hermana, sino también abogada y testigo: ha estado presente en cada audiencia, documentando los errores, las tácticas de dilación, las pausas excesivas y la revictimización que, en múltiples ocasiones, ha vuelto a golpear a su familia.
La litigación ha sufrido nuevos tropiezos: con un nuevo amparo, que como denunció ella misma, vuelve a frenar la audiencia en la que se dictaría la pena por violencia familiar en contra de Javier López Zavala, que estaba prevista para este 28 de noviembre, pero fue suspendida tras la medida decretada por el Juzgado Quinto de Distrito en Materia Penal.
Helena calificó esta resolución como “otro acto dilatorio” y advirtió que la medida, aunque provisional, representa una nueva forma en el que sistema frena la justicia, sumando un retroceso al hecho de que, apenas una semana antes, el Tribunal de Alzada de Puebla dejó sin efectos la sentencia de 6 años por violencia familiar, argumentando un “defecto” en la lectura del testimonio original de Cecilia. Pero la defensa del exfuncionario, volvió a usar el amparo a su favor.
Y es que esperar años para que un juicio concluya no es solo un problema procesal: es una forma de revictimización, donde las mujeres que han sido víctimas de violencia muchas veces se enfrentan a sistemas que normalizan la lentitud y eso les quita algo mucho más valioso que un veredicto: les quita paz, seguridad y cierre.
Lo que pide Helena no es solo una sentencia: es justicia. Que no se aproveche del calendario, de los días inhábiles o de maniobras legales para diluir la responsabilidad y es que su exigencia de que todo termine “antes de fin de año” adquiere ahora un peso distinto, urgente, ante la revelación de que la defensa usa una nueva táctica para postergar la imposición de pena.
La lucha no es solo simbólica, Helena no solo exige justicia para su hermana, sino por todas las mujeres que han sido asesinadas. Su presencia en el juicio, su activismo constante, su denuncia pública, convierte este caso en un llamado colectivo: no se trata solo de Cecilia, sino de un sistema que debe cambiar, que haya sanciones, que haya claridad, que haya consecuencias, que los imputados no usen maniobras legales para atrasar la justicia, sino que respondan como debe ser: con responsabilidad y condenas si corresponde.
Al dar la cara, al testificar, al exigir públicamente, Helena visibiliza la injusticia que muchas veces se silencia. Eso inspira a otras víctimas, a otras familias, a otros colectivos feministas: que haya una mujer que literalmente no suelta el caso, es un acto político y transformador. Además, su lucha ha generado avances concretos: ha contribuido a que el proceso judicial fluya, ha denunciado públicamente la negligencia y ha encendido el foco mediático para que no se pueda ignorar su exigencia. Su labor no es solo personal: es el latido de una justicia feminista que no se rinde.
Que Helena pida urgencia al caso es más que una exigencia puntual: es una prueba de que la justicia no puede esperar, no puede postergarse como un trámite más, pues cada día que pasa sin resolución es un día más en el que la memoria de Cecilia se ve manchada por la impunidad y hasta que eso suceda, Helena seguirá ahí, firme, con voz, con fuerza, con la convicción de que su lucha no es solo por Cecilia, sino por todas las mujeres que merecen que la justicia responda.









