En la esquina del Paseo Bravo, justo donde se cruzan la Avenida Reforma y la 11 Sur, se alza uno de los símbolos más queridos por los poblanos: “El Gallito”, un reloj monumental que ha marcado el paso del tiempo y de la historia en la ciudad.
Un regalo con historia
La historia del Gallito se remonta a 1921, cuando la comunidad francesa en Puebla donó este reloj para conmemorar el Centenario de la Consumación de la Independencia de México.
Su arquitectura es una joya del estilo francés de principios del siglo XX, con detalles de Art Nouveau, y fue ejecutada por Carlos Mastretta Magnani, un emigrante italiano que se convertiría en patriarca de una reconocida familia poblana, a la que pertenece la escritora Ángeles Mastretta.
El origen del gallo
El monumento toma su nombre del gallo de bronce que corona la torre, el cual señala los puntos cardinales de la ciudad y se ha convertido en un símbolo de orgullo e identidad para los poblanos.La maquinaria detrás del símbolo.
El reloj fue fabricado por la Relojería y Joyería “La Esmeralda”, de la Ciudad de México, una firma encargada de distribuir más de 2 mil relojes monumentales adquiridos por el gobierno de Porfirio Díaz entre 1897 y 1911 para celebrar el centenario de la Independencia.
Durante décadas, el mantenimiento del reloj estuvo en manos de expertos como Gilberto Manzola Martínez, quien se encargaba de ajustar la hora con precisión, tomando como referencia el Meridiano de Greenwich y la hora atómica del Observatorio Nacional.
En mayo de 2022, su mecanismo original de cuerdas y pesas fue reemplazado por un sistema mecatrónico, instalado por la empresa Relojes Centenario de Zacatlán, garantizando así un funcionamiento automático y confiable.
Daños y restauraciones
En 1999, un fuerte sismo dañó gravemente la estructura del reloj, provocando incluso la caída del gallo. Tras una restauración cuidadosa, el emblema volvió a su sitio, reafirmando su lugar en el corazón de los poblanos.
Un punto de encuentro
Hoy, El Gallito no solo marca la hora: es un punto de encuentro tradicional, un referente urbano y un ícono de identidad para los habitantes de Puebla. Además, es considerado una reliquia histórica, testigo de innumerables momentos que han definido la vida de la ciudad.













