Un momento histórico en el Vaticano.
El 7 de septiembre, el Papa León XIV presidió en el Vaticano la ceremonia que inscribió a Carlo Acutis en la lista de santos de la Iglesia católica.
Con este acto, el joven conocido como “el influencer de Dios” se convirtió en el primer santo millennial, un hecho que National Geographic calificó como un claro esfuerzo institucional por acercarse a las nuevas generaciones.
Carlo Acutis: el joven que unió fe y tecnología
Carlo Acutis murió en 2006, a los 15 años, a causa de la leucemia. A pesar de su corta vida, dejó una huella singular por su talento en informática y su fervor religioso.
Una de sus iniciativas más reconocidas fue la creación de un sitio web para documentar milagros eucarísticos, lo que lo llevó a ser considerado el “patrono de internet”. Su perfil rompe con la imagen clásica de los santos bíblicos o mártires de siglos pasados y lo coloca como una figura mucho más cercana a la juventud actual.
“La canonización es sobre santidad, pero también sobre relevancia”
La trascendencia de Acutis fue resaltada por Kathleen Sprows Cummings, profesora en la Universidad de Notre Dame y autora de A Saint of Our Own.
En declaraciones a National Geographic, afirmó:
“La canonización es fundamentalmente sobre santidad, pero también sobre relevancia”.
Para Cummings, Carlo representa un modelo en el que los jóvenes pueden verse reflejados, cumpliendo el objetivo central de los santos en la tradición católica: inspirar a la comunidad con su ejemplo de vida.
Cómo se llega a la santidad que logró Carlo Acutis
El camino hacia la canonización no es sencillo. Todo inicia con una petición formal apoyada por un obispo y la condición de que hayan pasado al menos cinco años desde la muerte del candidato, salvo dispensa papal.
Luego, un equipo de investigadores recopila escritos, testimonios y pruebas de virtudes como fe, esperanza, caridad y coraje. Con la aprobación del Papa, el candidato pasa a ser considerado “venerable”.
Posteriormente, se requiere comprobar milagros, la mayoría vinculados con curaciones médicas sin explicación científica. Un milagro comprobado permite la beatificación, que da paso a la veneración local.
Con un segundo milagro verificado, se alcanza la canonización universal.
Milagros y reformas en el proceso
Durante el siglo XX, el 99% de los milagros reconocidos fueron curaciones, ya que resultaban más fáciles de documentar para los comités médicos del Vaticano, según National Geographic.
Sin embargo, el avance de la medicina complicó la validación de estos casos, lo que llevó a ajustes en el proceso.
Hasta 1983, eran necesarios cuatro milagros para canonizar a alguien. Ese año, el Papa Juan Pablo II redujo el requisito a dos, con el fin de agilizar los trámites.
Aun así, alcanzar la santidad sigue siendo un reconocimiento excepcional: además de cumplir con la rigurosa burocracia, el candidato debe ofrecer un mensaje vigente y de valor para la Iglesia en el presente.
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