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Cuando las mujeres toman la tribuna

Ayer el Congreso de Puebla no sólo fue recinto legislativo, fue escenario, micrófono y espejo.

Un espejo donde, por fin, las mujeres brillaron sin pedir permiso. Porque aunque el tema en discusión era la ley de ciberasedio, lo que vimos fue algo todavía más importante: un debate de altura, entre mujeres de carácter, cerebro y voz fuerte.

Donde voltearas, había una mujer en el centro de la conversación. Mujeres pioneras, mujeres nuevas, mujeres de partido, mujeres con nombre propio.

La estrella del día fue sin duda Laura Artemisa García Chávez, presidenta de la Junta de Gobierno. Si alguien se mantuvo firme en la tormenta, fue ella. Y miren que la ley le trajo críticas de todos colores y hashtags.

Pero ahí estuvo: dando la cara, con la frente en alto, con argumentos y con voluntad de escuchar. No cualquiera. Cuando muchos hubieran querido enterrar el tema bajo la alfombra, Artemisa lo trajo de vuelta, propuso foros, escuchó a la ciudadanía y aceptó que la ley podía mejorarse. Y ayer, con temple y sin titubeos, defendió esa nueva versión frente a la oposición. No solo se defendió: dio cátedra de liderazgo.

Pero no estuvo sola. También subió Fedrha Suriano, de Movimiento Ciudadano, con esa elegancia crítica que la caracteriza. No votó a favor, se abstuvo, porque aunque apoya que exista una ley para castigar el ciberasedio, advirtió que los cambios aún no eran suficientes para proteger a los particulares.

Otra que habló fuerte y claro fue Delfina Pozos, del PRI. Ella sí votó en contra y explicó su postura con seriedad y solidez. Señaló que aún había vacíos, que el espíritu de la ley seguía dejando dudas. Y sí, su intervención fue crítica, pero como siempre muy poderosa.

Y por último, pero jamás menos importante: Susana Riestra, la panista que jamás se achica. Subió a tribuna con una postura legal, detallada, preocupada por las consecuencias de esta ley si se aplica entre particulares. Habló de las víctimas que denuncian en redes sociales porque no encuentran justicia en las instituciones, y que ahora podrían ser revictimizadas. Es decir, lo suyo no fue oponerse por oponerse, sino alertar sobre lo que podría salir mal si no se cuida cada coma de la ley.

En resumen: ayer vimos el Congreso que soñamos. Uno donde las mujeres alzan la voz con poder y amor por el pueblo, con pasión y con análisis, con ideales distintos, sí… pero con un objetivo común: hacer las cosas mejor.

Porque a veces se gana el debate y a veces se gana el respeto. Y ayer, las diputadas de todos los partidos ganaron eso: respeto por decir lo que piensan, por argumentar, por no callarse y por recordarnos que el poder también se conjuga en femenino.

Y desde esta columna, que también es trinchera, seguiremos celebrando cada vez que una mujer suba a tribuna con la cabeza alta y la palabra lista. Porque de eso va el futuro: de mujeres que no solo ocupan el espacio, sino que lo transforman.

La Chica Única

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