Qué coraje me dio ver al Dalai Lama decirle a un niño: chúpame la lengua.
Me dio más coraje ver que los presentes lo aplaudieron.
Megacoraje cuando supe que había dicho que lamenta el incidente que consideró como un acto de broma inocente.
“Su santidad desea disculparse con el niño y su familia, así como con sus muchos amigos en todo el mundo, por el daño que sus palabras pudieran haber causado”, señaló.
Y hasta ahí acabó esta historia. No pasó a mayores.
Las organizaciones mundiales no se pronunciaron contra el abuso infantil.
Estados Unidos no amenazó con invadir la India por lo sucedido en el templo Tsuglakhang.
Paty Chapoy y Daniel Bisogno no arremetieron como lo hicieron con Yuridia.
El Papa Francisco, por supuesto que recordó a Marcial Maciel y prefirió callar.
Los seguidores de La luz del Mundo ni ‘pío’ dijeron y es que su líder Naasón Joaquín García, está preso por abuso infantil.
Personajes de alta calidad moral de día y que de noche pertenecen a sectas sexuales como NXIVM, fueron indiferentes a lo sucedido.
En Puebla, los seguidores de Kamel Nacif brillaron por su ausencia.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada cinco menores sufre abuso sexual antes de cumplir los 17 años. En Europa, EE.UU y Canadá, un 20% de los niños y niñas han sido abusados sexualmente. Si fueran las víctimas de alguna enfermedad, estaríamos hablando de una pandemia.
Pero prepárase, que en unos días que se celebra el día del niño, todos los lugares estarán listos para festejarlos, quererlos y hacer valer sus derechos.
Lo primero que debemos hacer para ayudarnos es indignarnos.
En fin: La hipocresía.
Si usted está al igual que yo superhipermegarecontra encabronada; relájese y respire hondo, o como se dice popularmente: ¡Dalai!








