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Todos tenemos un “Juditas” dentro

Judas es el símbolo de la traición por excelencia. En la iglesia católica cristiana se ha utilizado con gran estrategia este concepto del hombre que por 30 monedas traicionó a Jesús y por la culpa terminó ahorcándose. Una versión institucionalizada por los grandes jerarcas de la iglesia que se contrapone con la teoría de los gnósticos o cristianos primitivos que salió a la luz 2 mil años después de haber ocurrido la muerte de Jesucristo. Me refiero al hallazgo del Evangelio de Judas editado por National Geographic.

La idea tradicional, según el texto, podría haberse realizado para justificar el estigma que poco a poco fue haciendo la iglesia católica del pueblo judío a quien se presenta como el malo de la historia.

Contraponiéndose a la idea tradicional el texto sometido a pruebas de carbono 14 para verificar su autenticidad, nos habla de un Judas muy cercano a Jesús, el único discípulo que había comprendido en su profundidad al maestro. Cito textualmente: “Tú los superarás a todos, porque tu sacrificarás el cuerpo en que vivo”, es decir la muerte como un instrumento liberador de esta absurda existencia física.     

Es el propio Jesús, según El evangelio de Judas quien solicitó a su discípulo más cercano Judas Iscariote que lo entregara para que pudiera cumplir su misión en esta tierra, deshaciéndose de su cuerpo para liberar su ser divino. “Esta interpretación la creían y profesaban muchos grupos gnósticos, seguidores de la misma línea del cristianismo primitivo recogido en el Evangelio de Judas”.

Aún más este evangelio habla de que Jesús enseñó a Judas los misterios del universo y que Jesús es en primer lugar un maestro y revelador de sabiduría y conocimiento, no un salvador que muere por los pecados del mundo. En si tiempo, en el siglo II, el padre de la iglesia Irineo Lyon, se refirió a un evangelio de Judas como una herejía. 

En el sitio web https://historia.nationalgeographic.com.es/a/evangelio-judas_10976 nos dice: “Los gnósticos creían en un principio supremo de bondad, entendida como una mente divina, más allá del universo físico. El ser humano posee una chispa de ese poder divino, pero está aislado de la divinidad por el mundo material que le rodea”.

“Mientras que los cristianos como Ireneo sostenían que sólo Jesús, el hijo de Dios, era a la vez humano y divino, los gnósticos creían que la gente corriente podía estar conectada con Dios. La salvación se alcanzaba despertando la esencia divina del espíritu humano y conectándola con Dios. Para eso se precisaba la guía de un maestro, y tal era, según los gnósticos, la función de Cristo. Aquellos que interiorizaban su mensaje podían ser tan divinos como el propio Cristo”, hasta aquí la cita del reportaje. del sitio web https://historia.nationalgeographic.com.es/a/evangelio-judas_10976.

Por otra parte, entendiendo el concepto ortodoxo, me parece que Todos tenemos un Juditas dentro que nos habla al oído y nos aconseja hacer maldades a quienes consideramos merecedores de alguna lección o tal vez a quienes deben cumplir una misión o experiencia que los engrandezca espiritualmente. Ese diablillo que por naturaleza esconderá sus intenciones, pero que muchas veces se hace presente y es parte de la condición humana.   

Sea de una forma u otra, ya que hasta nuestros días aún existen gnósticos que comparten el conocimiento, vivamos la Semana Santa honrando nuestra espiritualidad, porque de ésta depende en gran medida el sentido que le damos a la vida. En esta ocasión que no sea una fecha más, despertemos esa conciencia espiritual que indudablemente nos habla constantemente  desde lo profundo de nuestra intimidad.

Comentarios: marumora222@gmail.com

Twitter: @marumora7

María Eugenia Mora
Licenciada en Periodismo y Comunicación Colectiva por la Universidad Autónoma de México, María Eugenia Mora ha destacado por su trayectoria en medios como El Heraldo de México, La Voz de Puebla y El Sol de Puebla. De 1991 a 1995, fue reportera en las giras de los gobernadores Manuel Bartlett Díaz y Melquiades Morales Flores. Desde 2007, forma parte del Consejo Editorial de la revista ÚNICA y conduce el programa Cinco Mujeres en la XEHR. Además, es coautora del libro Crónicas de Puebla, 50 años, reflejando su compromiso con la narrativa histórica y cultural del estado.

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