Nunca deja de sorprender la vida
cuando al ofrecer limosna de dolor
otorga en su modesto encuentro
la llama de las preguntas longevas.
No sin vehemencia y a veces con alegría
pero con el dolor a cuestas:
el dolor germinal de la inocencia
o el que termina convertido en ausencia.
Ese dolor que dispara al eterno vacío
sujetándonos las manos frías por el ayer
proyectado de diásporas y reencuentros
sin origen ni causa ni propósito.
Ese otro dolor que distiende profundidad
ausentándonos de movimientos
con una energía negativa jadeante
entre cúpulas reversas y atrios desiertos.
Ese conjunto de dolor que ensaya
en nuestras lágrimas la reinvención
y las explicaciones de cadáveres que posan
y de hormigas que buscan un refugio germinal.
Dolor que se multiplica con la huida
en tanto se exprime con la tierra última
y mira de allá hacia la obscena escena
y desde acá a la imposible vuelta a vernos.
Dolor de tanta gente y tanto comienzo
dolor nauseabundo que arrastra y constriñe
dolor de primer momento que llora
dolor que llora por otra oportunidad.
Mi correo es ricardocaballerodelarosa@gmail.com












