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Empatía

Era la inmensidad al absorber los tonos de gris la que obligaba a ser solidario.
Su luminosidad esbelta quien matizaba las ideas fundiéndolas con el rayo de sol.


El amplio nido abovedado el que disponía tiempo y esfuerzos de observación.


Su centro la mágica brújula concitando al cosmos entre sus discípulos fervientes.

El aire la espuma coloide exacerbando nuestras miradas crepusculares.


La puerta servía de marco del abandono de la nodriza que evitaba amar.


Sus bancas ausentes las barcas tenues en que sonreía enigmática y puntual la muerte.

En las torres supuestas eran cadáveres los que anunciaban medio día.


Como dragones los puertos de luz que vomitaban chorros de energía humana.

Había el mundo dejado de ser mundo en su objetividad presuntuosa y vacía.


Había el mundo interior y misterioso del amor ordenado el compañero que llegaba.

Había dos mundos amalgamados entre órdenes de razón y concordia del sentir.


Dos realidades como vía directa al entusiasmo que acredita su causa.

Dos mantos con incrustaciones pegadas de miedo y razonamiento.


Dos cantos con notas de pulcritud y ruidos amaestrados con la experiencia.

Pero no había ya espacio ni hábitat temporal sino el simple instante simultáneo.


Me había nacido el sentir junto a aquel esbozo de corazón abandonado.

Me había brotado lo concreto con el azulado distanciamiento del mirar de arriba.


Un orden amoroso en la perpleja empatía con la inmensidad que absorbía.

Mi correo es ricardocaballerodelarosa@gmail.com

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