Mozart escribió innumerables obras entre las más destacadas Las Bodas de Fígaro, la Flauta Mágica y el Requiem.

Hoy recordamos a un genio de la música quien fue un niño precoz, quien fue el creador de las Bodas de Fígaro y la Flauta de Mágica entre otras composiciones, estamos hablando de Mozart. Su nombre
Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart, aunque todos lo conocemos como Wolfgang Amadeus Mozart nació un 27 de enero de 1756 en Salzburgo, fue el séptimo hijo de Anna María Mozart y del compositor de la corte arzobispal Leopold Mozart. Para la familia Mozart la música ocupaba un papel principal. Leopold Mozart era apreciado como un buen compositor al servicio del arzobispo de la corte, el Conde de Schrattenbach y tocó frecuentemente con músicos de la orquesta de música de la corte. El pequeño Wolfgang siempre acompañaba a su padre.

La ciudad, con sus iglesias barrocas, la antigua fortaleza Hohensalzburg, era muy rica y quien trabajaba para el arzobispo era bien pagado. Así, el pequeño Mozart creció con mucho cariño en Salzburgo en el seno de una familia de la clase burguesa y bien acomodada de la sociedad de aquel tiempo. Con tres años, Wolfgang descubrió el piano y pronto empezó a tocar las primeras piezas musicales. A los cuatro años consiguió tocar el segundo violín cuando el trío musical de cuerda de su padre estaba ensayando. Sin haberlo aprendido nunca, sin ningún fallo; ¡Una maravilla! Leopold Mozart reconocía cada vez con mayor claridad que su hijo tenía un talento para la música muy especial.

Desde el principio se dedicó apasionado a la educación musical de su hijo (y también de su hija Nannerl que era igual de talentosa) y para ello, Leopold abandonó incluso su propia carrera musical. Wolfgang y Nannerl aprendieron a tocar el piano y el violín con su padre. Les introdujo en el mundo de la música con mucha fantasía y les animó a ser independientes y originales. Leopold convirtió el desarrollo musical de sus hijos en el sentido de su vida y así les preparó el camino, en especial al talento de su hijo Wolfgang. Parecía que al niño de cuatro años Wolfgang Amadeus Mozart todo lo que tenía que ver con la música le entusiasmaba y lo aprendía sin ningún esfuerzo.

Para él no fue suficiente poder tocar violín y piano como primeros instrumentos musicales. Él ya “compuso” su primer concierto de piano. Leopold Mozart observaba asombrado los borradores escritos en papel por las inexpertas manos de su niño y tuvo que reconocer que aquí existían notas musicales, “todas perfectas y compuestas siguiendo las reglas”. Desde aquel entonces instruyó a su hijo también en el arte de la composición; Wolfgang tocaba las teclas musicales del piano y su padre anotaba las notas musicales en cuadernos. Así surgieron bailes para piano; con seis años compuso un minueto y un trío para piano, lo que sería más tarde el número 1 en el catálogo de Köchel.

En la calle donde el pequeño Mozart vivía había a menudo mucho ajetreo, jaleo y diversión. Los niños de la familia Mozart jugueteaban con sus amigos por todos sitios, uno de sus juegos preferidos era el tiro al plato con una escopeta de aire comprimido, con lo que se divertían mayores y pequeños. Las diversiones vulgares y las poesías estaban a la orden del día. Al pequeño Wolfgang le gustaba cantar, por cierto que le gustó toda su vida. Canciones espirituales, el canon, y con predilección las canciones groseras y ordinarias con sus amigos. En 1761, cuando tan solo tenía cinco años, hizo su primera actuación en público para el día del santoral del arzobispo al que se le honró con unos juegos musicales en los que Mozart pudo tomar parte.

Así de contentísimo pasó sus primeros años de vida y su pasión por la música le llevó a tomarse su enseñanza con una seriedad y un empeño total. En su “señor padre” Leopold Mozart tuvo al mejor profesor e impulsor. Y él ya había planeado casi con exactitud cómo poder prepararle lo mejor posible el camino al talento de su hijo:… Leopold Mozart se dio cuenta rápidamente de que la ciudad de Salzburgo era demasiado provinciana para sus hijos. Su meta era la corte del emperador en Viena. Para prepararse, Leopold planeó un viaje a Múnich que estaba a tres días en carruaje de Salzburgo. Por aquel entonces viajar era extremadamente agotador. En un carruaje sin amortiguación del servicio postal se traqueteaba sobre la grava y las piedras de carreteras y caminos, en invierno cubiertas de hielo y nieve a muchos grados bajo cero y en verano polvorientas. ¿Qué ganaban con todo esto? Por un concierto del príncipe elector Max III. Joseph, Wolfgang Amadeus Mozart y Nannerl recibieron un ducado. Poco, pero por lo menos ya era un comienzo…

En septiembre de 1762 las cosas se pusieron serias. Los niños debían ser presentados a la pareja imperial en Viena. Estuvieron en camino durante tres semanas, lo que resultó una tortura especialmente para Wolfgang y Nannerl. Pero Leopoldo Mozart, aún sabiéndolo, aceptó las condiciones (como lo hacen muchos padres hoy en día que quieren que sus hijos alcancen el éxito). El viaje fue un riesgo, ya que el poder optar a una invitación para la corte imperial de Viena no era nada fácil para la familia Mozart. Todo costaba mucho dinero, cada día de viaje, la estancia en hoteles, la manutención. Se puede imaginar lo valiente que tuvo que ser el padre Leopold para lograr su objetivo. Y así fue; la noticia de los dos niños prodigio de Salzburgo se extendió rápidamente y la sociedad vienesa empezó a fijarse en ellos.

13 de octubre de 1762: Wolfgang maravilló a la familia imperial.  Y finalmente llegó la invitación tan deseada: el emperador Franz I. Stephan, su esposa Maria Theresia y todos sus hijos esperaban con mucha expectación en la sala de los espejos del palacio de “Schönbrunn”. Wolfgang, con tan solo 6 años y muy seguro de sí mismo, maravilló a todos con su música. El compositor de la corte Christoph Wagenseil resalto la grandeza de aquel niño con estas palabras: “tú eres un músico auténtico”. La familia Mozart regresó a Salzburgo con una buena remuneración y el padre Leopold estaba contento. Le seguirían otros viajes… La fuerza impulsora de los viajes de la familia Mozart fue sin duda alguna el padre Leopold Mozart. Él metió a su familia en un carruaje destartalado y partió para conquistar Europa. Muchas horas pasaron viajando sobre piedras y baches de aquellas carreteras y siempre llevaron un piano de viaje consigo. En cada ciudad que visitaban, Leopold Mozart se esmeraba por conseguir invitaciones en las cortes de los príncipes, y puso anuncios en los periódicos para intentar crear nuevos contactos.

Resumiendo: se convirtió en un agente musical exitoso. Las malas lenguas intentan acusarle de explotación infantil. Pero Wolfgang no solo disfrutaba con sus actuaciones, él también deseaba actuar por iniciativa propia. Para ello, su padre renunció hasta a su propio éxito profesional. Por supuesto se trataba también de dinero. Viajar era muy caro y la manutención de la familia tenía que ser asegurada. Al principio Mozart dio un concierto ante el rey francés Ludwig XV y Madame Pompadour, después ante la familia real inglesa, y fue allí, en Inglaterra, donde el hijo del gran Johann Sebastian Bach, Johann Christian Bach, le dio clases; fue su primer profesor a parte de su padre. En Inglaterra Wolfgang escribió su primera sinfonía y otras 40 piezas más con tan solo 9 años.

Y el viaje continuó. Por aquel entonces la familia Mozart ya es conocida, se le considera una sensación y ganan mucho dinero. Viajan a Ámsterdam, Salzburgo y a Viena, donde Mozart escribió su primera ópera cómica italiana “La falsa ingenua”. Esta ópera está todavía marcada por defectos de insuficiencia, pero al fin y al cabo Wolfgang es un niño con tan solo 12 años. En 1768 acaba esta “gran gira” por Europa. Pero la familia Mozart comenzaría pronto otra gira, esta vez hacia el sur… A Italia se la conoce como la cuna de la ópera. En tiempos de Mozart las óperas de Milán, Venecia o Nápoles disfrutan de una fama internacional y quién quisiera ser reconocido allí como compositor, tenía que ser realmente excelente. Nadie lo sabía mejor que Leopold Mozart. Muy determinado, como era, viajó a Italia con Wolfgang de 14 años. Con un convencimiento firme del talento de su hijo, podía ya imaginarse a Wolfgang como compositor de una ópera italiana, muy bien pagado y colmado de fama.

Pero primero tendrían que ser superados con mucha dificultad los pasos de los Alpes que estaban cubiertos de nieve, una empresa muy penosa por aquellos tiempos. Por Innsbruck y atravesando el paso del Brennero se llegaba en carruaje a Verona y a Milán, donde se les había preparado un afectuoso recibimiento con multitud de invitaciones. Así Wolfgang recibió también su primer gran encargo de ópera: “Mitrídates, rey del Ponto”. Las semanas que pasaba la familia Mozart en Italia fueron extraordinariamente exitosas. Donde Wolfgang Amadeus Mozart llegaba y daba un concierto se le recibía con el máximo entusiasmo. En Bolonia tuvo la ocasión de recibir clases de contrapunto del famoso padre franciscano Giambattista Martini. En Roma Wolfgang escribió la partitura del “Miserere de Allegri” de memoria, sin tener que pensar. Su fama como genio musical crecía constantemente y su padre Leopold estaba contento.

El plan de Leopold Mozart de hacer de su hijo un compositor de ópera famoso parecía haber funcionado. Sobre todo teniendo en cuenta que por aquel entonces Wolfgang tenía tan solo 14 años. Por este mismo motivo, el trabajo que realizó durante su estancia en Italia, estancia que fue coronada con el estreno de “Mitrídates, rey del Ponto” en la ópera milanesa, no se puede valorar con el suficiente nivel. Así que padre e hijo pudieron volver contentos a su ciudad de procedencia después de 15 meses de estancia en Italia. Durante su viaje por Italia, la familia Mozart cosechó muchos éxitos. De regreso de su gira por Italia, el propósito de Mozart fue el de consolidarse también como gran compositor y músico en su país. Pero allí, no se esperaba a un joven, Wolfgang Amadeus Mozart, que resultaba demasiado seguro de sí mismo y que se había convertido ya en un hombre joven y pequeño que no era demasiado atractivo.

Un arzobispo real nuevo, Hieronymus Graf Colloredo, gobernaba Salzburgo con una política especialmente ahorrativa. Después de que Mozart compusiera para él “El sueño de Escipión”, fue nombrado maestro arzobispal de conciertos con un sueldo anual de 150 florines. Este sueldo no era demasiado alto, por lo que la familia Mozart seguía abierta a otras perspectivas y a otras ofertas. En el siguiente viaje a Milán que Mozart realizó motivado por un encargo que recibió para la composición de la ópera “Lucio Sila”, tampoco consiguió el deseado puesto de trabajo. Su estancia en Viena le provocó nuevas decepciones en lo relacionado con el puesto de trabajo, pero Wolfgang Amadeus Mozart siguió desarrollándose como persona y como músico. Allí conoció las obras de Antonio Salieri y de Joseph Haydn y escribió su primer concierto para piano. A la edad de 20 años ya contaba con más de 300 composiciones y una ópera “La falsa jardinera”, que fue escrita para el príncipe elector de Bayer. Pero todavía se sentía preso de su puesto de trabajo en Salzburgo con Colloredo.

Wolfgang Amadeus Mozart era una persona demasiado segura de sí misma como para aguantar toda esta situación mucho más tiempo. La situación con su patrón se agravó y se produjeron desavenencias, por lo que Colloredo optó por despedir a Mozart en el año 1777. Con 21 años Mozart inició otro viaje, esta vez en compañía de su madreWolfgang Amadeus Mozart tenía 21 años. Era un muchacho joven seguro de sí mismo y experimentado en busca de su lugar en la vida. Su padre Leopold que tuvo que permanecer en Salzburgo al servicio de Colloredo, mandó a su esposa Anna María a acompañar a su hijo en el viaje para buscar un trabajo. Durante el viaje ambos llevaron una buena vida, pero no encontraban un puesto de trabajo, Mozart le escribió a su padre describiendo su situación: “Vivimos como los reyes” y “Yo ya estoy más gordo”. Desde Múnich, el viaje continuó hacia Augsburgo y Mannheim, donde Wolfgang dio conciertos y obtuvo beneficios, pero no el objetivo deseado. Wolfgang era muy exigente consigo mismo, y no tuvo una vida fácil, era un mozalbete no muy refinado que siempre metía la pata. Su sorprendente infancia le marcó con un grado determinado de arrogancia y soberbia, no era precisamente el modelo de artista honorífico de la corte de la época.

Anna Maria Mozart volvió de regreso a Salzburgo. Wolfgang debía viajar a París y presentarse en la corte. Allí conoció a su gran amor: Aloysia Weber, la hermana de la que más tarde sería su esposa. Mientras que su padre está en Salzburgo muy enfadado, Mozart disfruta de la libertad y en lugar de viajar a París, viaja de gira a La Haya con la familia Weber. ¡Leopold Mozart está enfadadísimo con su hijo!, porque en lugar de encontrar de una vez un puesto de trabajo en París y apoyar a su familia, se dedicó a divertirse con la hija soltera de una familia de músicos pobres a la que incluso ayudaba económicamente. Leopold Mozart mandó a su esposa Anna Maria Mozart para intentar arreglar la situación… Wolfgang Amadeus Mozart no era un hombre atractivo, más bien al contrario; un hombre pequeño que tenía cicatrices de viruela en la cara y que no presentaba un modelo normal de hombre. Pero era un hombre gracioso que siempre tenía un chiste para los demás y diversiones vulgares, una persona muy abierta que amaba y disfrutaba la vida.

Con 20 años, cuando él y su madre llegaron a Augsburgo en busca de un trabajo, se entusiasmó con su prima Thekla Mozart, hoy en día se conservan algunas cartas muy divertidas y con muchos chistes que Wolfgang le escribió a su prima. Un año más tarde se enamoró más profundamente de Aloysia Weber, la hija mayor de la familia Weber, una familia vienesa de músicos, la que le acompañó en 1778 en su viaje a La Haya. Para ella, la joven soprano, escribió arias de sentimiento y pasión. Pero ella rechazó la propuesta de matrimonio del joven Mozart. Cuando Mozart se fue a vivir a Viena ocupó una habitación amueblada en la casa de la familia Weber y conoció a Constanze Weber. Se casó con ella en contra de la voluntad de su padre Leopold y bajo la recelosa mirada de la madre de Constanze, Cäcilia Weber, que había enviudado recientemente.

Sin tener en cuenta todos estos inconvenientes Mozart y Constanze planearon un futuro feliz y se casaron. Hay muchas cartas de la pareja que comprueban estas circunstancias. Constanze Mozart se ajustó en muchas facetas a su especial marido; ella estaba dotada de capacidades musicales, sabía cómo llevar una casa y le facilitó a su marido en todo lo que pudo sus trabajos de composición. En los nueve años de matrimonio, hasta que Mozart murió, ella tuvo seis hijos. A él no le gustaba separarse de ella, pero cuando tenía que hacerlo le escribía cartas pasionales: “…No puedes imaginarte lo lentamente que pasa el tiempo sin ti”. Leopold Mozart lo decidió así: Wolfgang debía presentarse en la corte de Versalles con su madre Anna Maria para hablar y promocionarse allí y así encontrar un puesto de trabajo. Bajo unas condiciones de vida miserables vivieron en una pequeña habitación en un barrio muy pobre. Hacía mucho frío y el dinero escaseaba. Wolfgang Amadeus Mozart a penas sabía francés, y mientras que tan solo cosechaba respuestas negativas de todas las cortes nobles parisinas, su madre le esperaba en una habitación fría y oscura padeciendo hambre. ¿Hasta dónde habían llegado?

Mozart no entiende que los parisinos no hagan cola para verle y agasajarle como sucedió tiempo atrás cuando él, como “niño prodigio”, tocó ante Marie Antoinette, la misma que ahora no quiere saber absolutamente nada de él. Wolfgang estaba muy decepcionado y desilusionado. Escribió a su padre: “Tuve que esperar media hora en una habitación helada, sin calefacción que no tenía ni siquiera una chimenea”. No importaba lo que intentara, no le llevaba a ninguna parte. Solo gracias a lo que ganaba dando clases a estudiantes de música pudieron sobrevivir a duras penas. Durante este periodo de tiempo Mozart no compone casi nada, su mayor éxito fue la “Sinfonía de París”, escrita para una gran orquesta con timbales, trompetas y por primera vez también con clarinetes. Anna Maria Mozart tenía por entonces 57 años. Era una sencilla ama de casa que renunció a todo por su hijo. Y entonces enfermó gravemente. Wolfgang Amadeus Mozart llamó a un médico e hizo guardia ante su cama. Pero nada ayudó a que mejorara. La madre de Mozart murió el 3 de Julio de 1778. Wolfgang, que tenía 22 años, se quedó solo en la ciudad de París, una ciudad que odiaba…

Leopold, para conseguir que su hijo Wolfgang regrese a Salzburgo, le proporciona un puesto de trabajo con el arzobispo como maestro de conciertos y organista de la corte. Pero Wolfgang Amadeus Mozart no se ve a sí mismo acatando órdenes. Además sufría mal de amores por la pérdida de su querida Aloysia Weber que se había convertido en una soprano famosa y que había rechazado a un modesto e insignificante Mozart. Hasta el año 1779 Mozart no volvió a Salzburgo. El amor no correspondido y la tristeza por la pérdida de su madre le hicieron madurar como persona y también en el campo musical. Con 22 años dominaba ya perfectamente su profesión, su ambición le lleva a desarrollar una nueva forma de ópera dramática. En 1780 conoció a Enmanuel Schikaneder que actuaba en su compañía de teatro en Salzburgo. Las zarzuelas en alemán de Schikaneder le gustan a Mozart y ambos pasaron mucho tiempo tratando asuntos profesionales. En 1780 le llega también un encargo de Múnich de una ópera: “Idomeneo, rey de Creta” que fue una de sus mejores óperas. En Múnich experimenta el éxito y la fama como compositor y disfruta del tiempo más feliz de su vida…

La llamada del arzobispo de Salzburgo es inequívoca: él le necesitaba en Viena. Ese tono no fue en absoluto bien recibido por Mozart, pero en esta opción vio la oportunidad de afianzarse laboralmente, de librarse de una vez del “yugo de Salzburgo” y de independizarse. Los vieneses le recibieron muy interesados, dio muchos conciertos, recibía encargos laborales y ganaba por fin mucho dinero. Y… ¿dónde vivía? Con la familia Weber, que se ganaban la vida alquilando habitaciones. Su padre Leopold estaba en contra de esto ¿pero qué podía hacer? Wolfgang disfrutó de un servicio completo en la casa de la familia Weber y se enamoró perdidamente de Constanze, la hermana de Aloysia…. Ambos vivieron muchos altibajos. Sus ajetreados viajes a las diferentes cortes de la nobleza no eran fáciles. Pero Wolfgang amaba los aplausos y la fama, su carácter caprichoso y su arrogancia frente a otros músicos no tan extraordinarios le definieron ya en su infancia.

Leopold Mozart reconoció estos defectos con preocupación y como fiel y cumplidor trabajador de la corte no pudo identificarse completamente con las formas de comportamiento y los pensamientos de su hijo Wolfgang Amadeus Mozart, un genio de la música. Pero a pesar de eso, los dos permanecieron toda la vida en contacto por carta, y Wolfgang le escribió una vez a su padre: “ellos piensan que como soy pequeño y joven no hay nada valioso en mí, pero lo van a comprobar muy pronto”. Wolfgang y Leopold Mozart dependían el uno del otro, quizás debido a sus caracteres completamente diferentes. Es comprensible que lo que hacía Wolfgang era considerado por su padre Leopold de una forma escéptica, él vio a Wolfgang como a un apoyo económico para la familia, que siempre había renunciado a todo por él. Cuando Wolfgang se enamoró de Aloysia Weber y comenzó a librarse de la influencia de su padre, Leopold tuvo que aguantar la liberación de su hijo con impotencia.

Durante toda su vida, incluso ya casado con Constanze y trabajando en Viena, Wolfgang mantuvo una correspondencia constante con su padre. Pero se dejó influenciar solo hasta el punto que a él le parecía conveniente. Seamos sinceros: por norma general una relación normal entre padre e hijo. Leopold Mozart mantendrá esta actitud protectora el resto de su vida. Estará siempre muy preocupado pero a la misma vez muy interesado en lo que su hijo tuviera que contarle. A veces Wolfgang Amadeus Mozart se sentiría controlado y le habrá prohibido a su padre, que se inmiscuyera en su vida. Pero Leopold siempre tuvo buenas intenciones, podía valorar muy bien el rendimiento de su hijo y estuvo siempre dispuesto a darle consejos constructivos. Cuando Leopold muere en mayo de 1787 Wolfgang no solo pierde a su padre si no también a su mejor amigo.

Leopold Mozart no se escondió y opinó que Constanze Weber no era el buen partido que él hubiera deseado para su hijo Wolfgang. Pero desde Salzburgo Leopold tenía las manos atadas. Y Wolfgang Amadeus Mozart no permitió, como en otras muchas ocasiones, que nadie se inmiscuyera en su vida y en sus decisiones. Amaba a Constanze y quiso casarse con ella a toda costa. Pero Wolfgang, que por aquel entonces tenía 25 años, tuvo que enfrentarse a diferentes dificultades. Por una parte no se atrevía a contarle a su padre la verdad a cerca de su relación con Constanze. Hasta poco antes de la boda no le contó a su padre nada, lo que le provocaba una intranquilidad profunda. Por otra parte, la madre de Constanze, Cäcilia Weber, presionaba considerablemente a Wolfgang ya que ella creía que de esa unión podría sacar algún provecho. En 1781 Wolfgang Amadeus Mozart trabajaba en la ópera de estilo turco “El rapto en el serrallo” en la que el personaje principal se llamó por casualidad Constanze. En esta obra Mozart se inspiró en sus sentimientos por su gran amor.

Al mismo tiempo se ocupó de la música eclesiástica de Johann Sebastian Bach, una pasión, que compartía con Constanze Weber. Entretanto abandonó la casa de la familia Weber para mudarse a una habitación que alquiló en el barrio vienés de “Graben”. Su manutención se la ganaba con altibajos dando clases a estudiantes de música y dando conciertos privados en casas, pero seguía buscando un puesto de trabajo fijo. “El rapto en el serrallo” fue un éxito grandioso, pero Mozart obtuvo tan solo el irrisorio honorario acordado de 100 florines. Esto no le impidió desposar a su amada Constanze Weber un mes más tarde en la catedral de San Esteban en Viena. Empezaría una vida repleta de altibajos… Los recién casados Wolfgang y Constanze eran felices. En su casa siempre hubo actividad. Organizaron bailes en su casa, los estudiantes iban y venían, se jugaba al billar o a las cartas, tenían dos perros y también pájaros cantores.

Mozart trabajaba constantemente en sus composiciones: sinfonías, canciones, sonatas, conciertos de piano, arias, quintetos, cuartetos, tríos y conciertos de trompa. Disponían de muchísimo dinero, así que pudieron alquilarse una vivienda por 460 Florines anuales (una suma de dinero mayor que la que ganaba su padre en un año) detrás de la catedral de Viena, en la calle “Schulerstrasse” número 8. La dirección “Schulerstrasse” número 8 corresponde a la de “Mozarthaus” o Casa de Mozart en Viena, en la actual calle “Domgasse” número 5. El primer hijo del matrimonio Mozart, Raimund Leopold, nació en Junio del año 1783. En este año también hizo amistad con Joseph Haydn, el que para él fue maestro y una figura paternal en uno. Lleno de admiración estudió apasionado los cuartetos de cuerda de Haydn: “He aprendido de Haydn como se tienen que escribir los cuartetos”.

Mozart estaba buscando constantemente nuevos encargos de ópera que fueran apasionantes. Pero no encontraría aún ningún tema adecuado. Mozart como creador de nuevas tendencia e iniciador de nuevas modas; un nuevo arte para componer. Uno de sus grandes aportes a la música fue el de romper con el arte común para componer reinante hasta la fecha. Lo que hasta ahora existía “en el mercado” le parecía demasiado aburrido, demasiado lineal, poco refinado y poco cautivador. Él revisaba y corregía constantemente cada libreto, pero solo unos cuantos autores de canciones, como por ejemplo Lorenzo da Ponte, que también escribió para Antonio Salieri, o Emanuel Schikaneder, le permitían a Mozart hacer esto. Mozart tenía ideas claras sobre un libreto y solamente se quedaba contento cuando la música y el texto estaban perfectamente armonizados. Seguramente este perfeccionismo forma parte de sus cualidades más destacadas y fue la base de sus incomparables obras.

En 1786 en Viena se estrenó la ópera de Mozart “Las bodas de Fígaro”. Los músicos y cantantes estaban todavía desbordados ya que no habían dispuesto del tiempo suficiente para poder ensayar la obra. Por lo tanto los aplausos fueron más bien pocos. “El Fígaro” fue retirado pronto del plan musical, otras obras de Mozart tampoco habían tenido éxito y no se vendían bien. Sus obras eran muy difíciles, muy diferentes y alejadas de las variedades. El poco aprecio y reconocimiento que el público vienés le brindó provocaron que Mozart aceptara una invitación para ir a Praga. Allí dirigió “Las bodas de Fígaro” en la ópera. El éxito fue rimbombante: “….porque aquí no se habla de otra cosa que de Fígaro, no se toca, canta o silba otra cosa que Fígaro, ninguna ópera ha sido más vista que la de Fígaro. ¡Y Fígaro para siempre! “Con certeza un gran honor para mí”. En Praga Mozart recibió un nuevo encargo de ópera; junto con el autor de sus textos Lorenzo da Ponte debía componer “Don Giovanni”.

El padre de Mozart murió el 28 de mayo en Salzburgo sin que antes se hubieran vuelto a encontrar otra vez. Sumido en un duelo por la muerte de su padre y con una necesidad constante de dinero, Wolfgang Amadeus Mozart inició la composición de su obra para ópera “Don Giovanni”. También la obra “Pequeña serenata nocturna” fue compuesta en esa época. En la figura de Don Giovanni, un seductor que va al infierno, Mozart transformó sus sentimientos de duelo. Los sentimientos encontrados, dificultades con Lorenzo da Ponte y con otros músicos y cantantes marcaron el periodo de tiempo en el que la ópera de “Don Giovanni” fue compuesta. A pesar de todo, el estreno en Praga fue un éxito sensacional para Mozart. Regresa a Viena. Constanze espera a su cuarto hijo y el 7 de diciembre se cumple un antiguo deseo: Mozart fue nombrado compositor de la corte con un sueldo anual de 800 florines. Un sueldo bueno en comparación con otros músicos, pero demasiado bajo para el estilo de vida de Mozart.

Ludwig van Beethoven nació en 1770, por lo que era 14 años más joven que Wolfgang Amadeus Mozart. A los tiempos de “niño prodigio” corresponde el suceso de que la joven esposa de un servidor de cámara de Coblenza, la Señora Van Beethoven, asistió a un concierto de los pequeños Wolfgang y Nannerl. Ella se quedó tan impresionada que soñó con ver a su hijo, el que tuviera algún día, crecer también como un niño prodigio. Su sueño se haría realidad. Su hijo Ludwig van Beethoven fue uno de los compositores más grandes de su tiempo. Años más tarde, Mozart, tras regresar de Praga, atravesó unos meses muy difíciles en los que el dinero volvió a escasear. En el mismo año (1787) Ludwig van Beethoven llegó a Viena. Tenía 16 años y quería dar clases con Mozart o con Haydn. Nadie sabe lo que hubiera pasado si la madre de Beethoven no hubiera enfermado repentinamente y él no hubiera tenido que volver a Bonn después de tan solo dos semanas de estancia en Viena. Mozart, que en esos momentos se encontraba sumido en la composición de “Don Giovanni” y que estaba muy preocupado por su padre que se encontraba enfermo de muerte, ni recibió a Beethoven, ni le dio clases. Y cuando Beethoven volvió a Viena años más tarde, Mozart ya había muerto.

Como méritos de Mozart y de Beethoven cuenta el desarrollo y perfeccionamiento de la sinfonía como una forma artística propia y casi dramática con un alto nivel cualitativo. La sinfonía, que inicialmente estaba pensada para servir como introducción en un concierto o en una ópera, fue elevada por Mozart, Beethoven y Joseph Haydn a lo que hoy en día entendemos como sinfonía. El dinero jugó un papel fundamental en la vida de Mozart. Ya en “los tiempos del niño prodigio”, su padre renunció parcialmente a su propio puesto de trabajo para apoyar al desarrollo de la carrera de su hijo, y él tuvo que contribuir económicamente con su familia. Pero por aquellos tiempos de Joseph II los músicos disfrutaban de muy poco reconocimiento social y ganaban sueldos muy bajos. Incluso más tarde, cuando Mozart estaba en Viena y tenía que ganarse la vida como padre de familia, el dinero era un tema constante. Mozart no componía ni tocaba “por amor al arte”, siempre estaba buscando encargos con los que podía ganar buenas sumas de dinero.

Sus ganancias sufrían altibajos, como ocurre con cualquier artista independiente. A través de su vida entera, Mozart vivió fases de abundancia y de pobreza. Si tenía dinero lo gastaba rápidamente y sin pensarlo. Las constantes mudanzas de vivienda y el ritmo de vida que llevaban costaban mucho dinero. Y en Viena Mozart lo ganaba sin problemas. Pero también vivieron periodos de tiempo en los que la familia Mozart conoció la pobreza absoluta. El problema no residía solamente en la ligera administración del dinero. Constanze padecía frecuentemente de úlcera venosa que requería costosas curas. Las facturas desmesuradas produjeron un tremendo agujero en su economía familiar. Así, Mozart se vio obligado a pedirle ayuda financiera a su compañero de logia Michael Puchberg durante años. Se conservan muchas cartas de Mozart dirigidas a Puchberg donde le pide ayuda económica, a veces, en un tono desesperado: “…y si usted, mejor amigo y hermano, me abandonara, estaríamos yo, mi mujer que está enferma y nuestro hijo completamente perdidos”. Mozart siempre fue un artista que sabía disfrutar de la vida pero jamás ahorró dinero. Gastaba muchísimo cuando tenía dinero y cuando no tenía vivía en la miseria. Pero la vida de Mozart no estuvo en absoluto marcada por la pobreza.

El año 1788 fue un año muy difícil para Mozart. Su familia tuvo una vida muy dura y estaba atormentada por la carencia constante de dinero. Mozart estaba exhausto y muy desgastado de tanto buscar encargos sin éxito. La mayoría de los vieneses, que preferían la música de entretenimiento ligera, no estaban interesados en su música que era de un elevado nivel intelectual. La famosa sinfonía de Júpiter fue creada en este tiempo de desesperación. Esta obra no fue representada hasta después de la muerte de Mozart. La fama de Mozart fue creciendo cada vez más en el extranjero. Cuando en 1789 Mozart fue invitado por su hermano de logia el príncipe Karl Lichnowsky a viajar a Berlín para tocar en la corte del rey prusiano Friedrich Wilhem II, se puso de nuevo en camino muy ilusionado y repleto de esperanzas. El viaje se llevó a cabo atravesando primero Praga y después Dresden. En Dresden Mozart tocó su “Concierto de Coronación” para el príncipe de Sajonia y fue pagado con una valiosa cajita que contenía además cien ducados. Pero seguía sin recibir encargos. En Leipzig Mozart fantaseó al órgano de su estimadísimo Johann Sebastian Bach de la iglesia de St. Thomas (“Esto es algo de lo que se puede aprender mucho”) y dirigió también un concierto en “Gewandhaus”, una sala importante de conciertos, lo que supuso un fracaso desde el punto de vista financiero.

Antes de continuar el viaje hacia Berlín, Lichnowsky se separa de Mozart, que a partir de ahí tuvo que viajar costeándose sus gastos. Mozart tocó ante la corte prusiana y obtuvo un encargo muy bien pagado del rey prusiano Friedrich Wilhem II para cuartetos de cuerda y sonatas de piano. Pero estos encargos nunca se llegaron a terminar. En Berlín Mozart tampoco dio ningún concierto en público. Los bajos precios de las entradas no hacían esperar una gran ganancia. Completamente exhausto y sin dinero, Mozart regresó a Viena en julio de 1789. Constanze daría a luz un año más tarde a su quinto hijo y volvería a decaer y a enfermar. Siguió la lucha diaria por su existencia.

Por fin Wolfgang Amadeus Mozart obtiene el encargo de ópera del emperador tan anhelado durante tanto tiempo: “Así hacen todas” con un libreto de Lorenzo da Ponte. Mientras que Mozart trabaja en este encargo, su quinto hijo vino al mundo, una niña que tan solo viviría una hora. Su mujer Constanze necesitaba nuevamente terapias y curas en una estación termal para reponerse; el dinero se le iba de las manos. La situación era dramática. Además muere el mecenas de Wolfgang Amadeus Mozart, el emperador Joseph II, así que no verá el estreno de la ópera que le encargó a Mozart. Otro golpe del destino. Los tiempos en el imperio de los Habsburgo fueron muy duros y difíciles para Mozart. Mientras que en Francia se embravece la revolución, Leopold II, el hermano menor de Joseph II, toma posesión del trono. Él no es un amante de la música y la música de Mozart no significa casi nada para él. Mozart, que estaba muy desanimado, tenía además muy malas perspectivas. Tenía esperanzas de encontrar y obtener un encargo musical, pero se fue decepcionando una y otra vez con cada negativa que recibía. Su música nunca fue entendida y además odiaba tener que dar clases a estudiantes de música. Mozart se vio obligado a actuar para cambiar su situación.

En 1790. Leopold II fue coronado en Francfórt como emperador del Santo Imperio Católico de la nación alemana. Todos los grandes músicos vieneses partieron hacia Francfórt para la coronación, pero nadie pensó en llevar a Mozart. Para poder asistir, él pidió otro préstamo, empeñó su plata y partió hacia Francfórt por iniciativa propia. En su equipaje llevaba dos nuevos conciertos para piano “Los conciertos de la Coronación”. Este sería su último viaje. Francfórt tampoco le trajo el éxito deseado, nombres famosos como el de Salieri estaban muy reclamados y la música de un Mozart pequeño y feo no era muy requerida por el público. Abatido, exhausto y con los bolsillos vacíos, Mozart regresa a Viena. En 1791 Mozart tiene 35 años de edad. Ya es un artista maduro, sus obras habían tenido más o menos un gran reconocimiento, pero de un enriquecimiento económico siempre estuvo muy lejano. Mozart no se encuentra bien de salud, también tenía muchos problemas con el dinero. Constanze se encontraba ya desde hacía muchas semanas bajo terapia en un centro de rehabilitación termal situado en Baden, una ciudad cercana a Viena. Wolfgang Amadeus Mozart se siente solo y triste: “Si me siento al piano y toco algo de la ópera tengo que parar de inmediato porque me produce demasiados sentimientos” le escribió Mozart a su esposa.

En estas semanas de abatimiento Mozart escribió su último concierto de piano número 27. Este concierto, de un estilo con fuertes reminiscencias del romántico, es considerado como su obra más madura. A parte de este concierto de piano, Mozart acepta solamente encargos casuales que no le reportan mucho. Y las esperanzas de recibir un nuevo encargo imperial de ópera eran muy escasas. Un antiguo amigo de Mozart, el director del teatro periférico de Viena, Enmanuel Schikaneder cuida de él. Así convence a Mozart para que escriba una obra mágica, algo que, por aquel entonces, estaba de moda en Viena. Después de vacilar ante la idea, Mozart aceptó y los dos crearon una obra musical mágica y polifacética en el sentido estricto de la palabra. Pero Mozart tuvo dificultades en la composición de “La flauta mágica”. Constanze no estaba a su lado y la echaba en falta, le hubiera gustado tenerla siempre a su lado: “2999 besitos y medio están volando y esperando a que los caces…. hoy estaba tan aburrido que he escrito un aria de la ópera”.

“La flauta mágica” pertenece a sus óperas más importantes y más conocidas, pero no sería la última… En el verano de 1791 Constanze vuelve por fin a su casa. Dio a luz al sexto hijo de Mozart: Franz Xaver Wolfgang. En esos momentos Mozart se encontraba sumido en los trabajos de composición de “La flauta mágica” y además escribe para una obra que le fue encargada misteriosamente ya que el cliente quiso permanecer anónimo: el mítico “Réquiem”. Mozart tuvo que aplazar estos trabajos cuando Leopold II fue coronado en Praga como rey de Bohemia, ya que a Mozart le llegó el encargo de escribir la ópera de coronación: “La clemencia de Tito” que debería estar lista en cuatro semanas. Hizo un esfuerzo desmesurado para escribir esta composición. Muy débil y deprimido Mozart compuso de día y de noche bajo mucha presión. Incluso de camino hacia Praga continuó trabajando en esta composición. La ópera no tuvo éxito, pero a él le dio igual; cobró sus honorarios y marchó de vuelta a Viena para poder seguir trabajando en la “La flauta mágica” y en el “Réquiem”.

Mozart no fue una persona convencional del tiempo que le tocó vivir. Su físico llamaba la atención y era una persona muy divertida que siempre estaba dispuesto a hacer bromas infantiles y tonterías. Pero por otra parte también tenía un carácter muy serio y formal. Vivió la humanidad y la tolerancia, seguramente fue esta la razón principal por la que en 1784 entró a formar parte de la logia masónica de Viena “de la beneficencia”, al igual que lo hicieron muchos de sus conocidos de Viena. La masonería exigía un desarrollo propio hacia lo bueno de sus miembros, ellos se ocupaban principalmente del estudio y la aclaración y así la masonería era un punto de encuentro de científicos, artistas, médicos y autores literarios. Allí Mozart encontró a personas que pensaban igual que él con los que mantuvo una larga y cuidada relación.

Es una pura casualidad que la última obra incompleta de Mozart fuera un réquiem. El encargo se le fue dado mediante un mensajero desconocido. Mozart nunca llegó a conocer al verdadero cliente. Fue un tal Conde Franz Walsegg-Stuppach, un compositor aficionado que después de la muerte de su esposa le encargó a Mozart la composición de un réquiem y que pretendía darlo a conocer como una de sus propias obras. El mensajero le pagó en efectivo y Mozart, que se encontraba en una precaria situación económica y personal, no pudo rechazarlo. Su acreedor, el príncipe Lichnowsky ya había presentado una demanda judicial por impago contra la familia Mozart. Se trataba de 1435 Florines, al cambio aproximadamente unos 45.000 Euros. Además de todos estos problemas, en ese tiempo Mozart sufrió de fiebres reumáticas, algo de lo que Mozart siempre había sufrido de niño, así como también de depresiones y de soledad. Quizás por todos estos motivos Mozart interpretó el encargo misterioso de componer un réquiem como un mensaje de la muerte; a parte de su lamentable estado físico, sospechaba de un lento envenenamiento: “yo sé que tengo que morir… lo escribo para mí mismo” (refiriéndose a “El Réquiem”).

Para poder evadirse por poco tiempo de sus imaginaciones y del miedo de la muerte, Mozart compuso la obra “La pequeña cantata masónica” que fue estrenada y dirigida por él mismo en la inauguración de un nuevo templo masón. Esta obra sería la última obra completa que Mozart escribió. Días más tarde, su lamentable estado de salud le obligó a permanecer en la cama. Tenía mucha fiebre, sus pies y sus manos estaban hinchados, sufría muchísimos dolores. Mozart, en su lecho de muerte, pudo comprobar cómo su obra “La flauta mágica” fue estrenada entre los aplausos y el entusiasmo del público y cómo se convirtió en un rotundo éxito que cada noche llenaba las óperas. Una de sus última alegrías… En los últimos días de su vida Mozart siguió trabajando en la composición de su obra “Réquiem” con mucho esfuerzo y con la ayuda de su alumno Franz Xaver Süßmayer. Mozart no pudo terminarla. Los últimos compases musicales fueron compuestos por su alumno Franz Xaver Süßmayer.

La tarde del 4 de diciembre: Mozart se encontraba muy mal, tenía muchísima fiebre y deliraba. Cuando el médico le hizo una sangría y le colocó una compresa fría en la frente, Mozart se desmayó. A la una de la mañana del 5 de diciembre de 1791 Mozart murió de una forma repentina y completamente inesperada. Constanze estaba rota de dolor. Sus amigos se ocuparon del entierro. Después de su muerte, su cuerpo fue introducido en un barato ataúd de pino y fue bendecido rápidamente en la calle que hay junto a la catedral de San Esteban de Viena. Desde allí fue llevado sin ningún cortejo fúnebre o acompañamiento al cementerio de St. Marx, situado en las afueras de la ciudad. Solo el enterrador estuvo presente cuando el cadáver de Mozart fue envuelto en una sábana y enterrado en una tumba simple compartida junto a otros cinco cadáveres. El sitio exacto no se conoce. Un monumento erigido en el cementerio vienés de St. Marx muchos años después de la muerte de Mozart, conmemora la figura del gran compositor y músico de todos los tiempos.

Fue mucho lo que se escribió, y también será mucho lo que se escribirá, a cerca de este indignante y miserable entierro de Wolfgang Amadeus Mozart(comparándolo con las costumbres actuales). Casi siempre se pasa por alto que este tipo de enterramientos eran absolutamente normales en tiempos del emperador Joseph II. Para el emperador los caros y opulentos enterramientos de la cultura vienesa habían sido una gran molestia y con su nuevo orden para los enterramientos prohibió a sus súbditos la tan amada pompa que hasta que él llegó al trono se venía realizando. Los cuerpos no podían ser ni siquiera enterrados en un ataúd, tan solo podían llevarse dentro del ataúd hasta el lugar del enterramiento. Además se enterraban siempre cinco cuerpos en una misma tumba, lápidas y flores estaban prohibidas.

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