Salir de la zona de confort y dejar la rutina suele ser un gran reto para todos, porque debemos adaptarnos a nuevas circunstancias, cambiar la rutina del recorrido en auto, ajustar horarios, interactuar con otras personas, etc., son situaciones que podemos vivir a plenitud o en la zozobra.

Pero hoy quise platicar como el dolor por un problema de salud de un hijo, es algo que la madre muchas veces desea evitar, procurar que nuestros pequeños estén siempre sanos, cobijados, cuidados, amados, es nuestra gran labor y verlos en una situación de dolor, nos agobia y provoca una angustia indescriptible.
Habrá otras personas que lo vean de una manera normal, sin tanto agobio o preocupación, pero el ser una persona aprensiva te hace sufrir cuando ves el sufrimiento del ser al que hace unos años le diste la vida.

Como todo esto también pasará, pero hay momentos que de verdad debemos dar gracias a Dios y a su infinita bondad por ponernos estas situaciones, para reflexionar y valorar varias lecciones de vida, uno de ellos es la familia, nadie estará ahí para apoyarte en una cabecera de hospital o sala de espera que ellos.

Si necesitas de un apapacho, un hombro, unas palabras de aliento, solo ellos, tu familia esta de manera incondicional para solidarizarse con tu preocupación. Por ello gracias a los que han estado, están y seguirán a nuestro lado, en las buenas y las malas.

Otra de las grandes enseñanzas es lo importante que es la salud, el estar sano nos hace confiarnos, descuidar nuestra alimentación, evadir las visitas al médico y dejar para un mañana la prevención, lo cierto es que cuando estamos en un hospital nos cae el veinte de lo vital que es cuidarnos y valorar estar sano.

Además, agradecer porque todo lo vivido debe ser una enseñanza para ser mejores, para no cometer los mismos errores, pero sobretodo a valorar cada uno de nuestros momentos.

Gracias a los amigos que ya son los hermanos que forman parte de la familia y saben dar una luz en medio de las tiniebla, sus consejos son una gran herencia invaluable.

Por todo lo vivido, gracias, por las lagrimas y risas, por el dolor y el amor, por la fe y la esperanza, por todo gracias Dios mío.

Por Cecilia Mtz.