La manera que tenemos de concebir el sexo está cambiando gracias a los nuevos planteamientos feministas: “El sexo tiene que ser un espacio de diversión y disfrute”, dice la autora e ilustradora Flo Perry, que acaba de publicar How To Have Feminist Sex: A Fairly Graphic Guide. “Para mí, el sexo feminista tiene que ver con disfrutar del sexo como te apetezca, no como piensas que deberías hacerlo, y con sentir el máximo placer posible”.

Este año se cumplen el segundo aniversario desde la eclosión del movimiento #MeToo, que hizo que mujeres de todo el mundo compartieran historias muy personales sobre agresiones sexuales y abusos. Mientras tanto, Cat Person, el relato de **The New Yorker **publicado en diciembre de 2017 que se volvió viral, ha abierto el debate sobre el consentimiento y las zonas grises que puede haber al salir con alguien.

“Estamos empezando a explorar las diferentes maneras en las que la desigualdad y los desequilibrios de poder nos acompañan en la cama”, le dice a Vogue Allison Moon, educadora de sexualidad queer, autora de Girl Sex 101. “La cultura les enseña a las mujeres a no hablar alto y claro; y a los hombres a no detenerse si no hay un ‘no’ tajante”.

“Aún hay que hablar mucho sobre el consentimiento y las complejidades que lo rodean”, añade Vithika Yadav, cofundadora de la web de sexo y relaciones Love Matters India. “Va más allá de educar a las chicas y a las mujeres, también hay que educar a los chicos y a los hombres”.

Como en la revolución sexual occidental de los sesenta, estos debates han vuelto a poner encima de la mesa ideas sobre el sexo feminista. “El feminismo está pensado para responder ante la desigualdad social”, dice Moon. “Ahí también entra el acceso igualitario al placer y al sexo. Todas las voces son importantes”.

Atajar brecha orgásmica

Según el Instituto Kinsey, las mujeres heterosexuales son las que menos probabilidades tienen de llegar al orgasmo: solo alcanzan el clímax el 63% de las veces, comparado con el 85% de hombres —tanto gays como heterosexuales—, y el 75% de las mujeres lesbianas.

“Hay que defender nuestro propio placer”, dice Moon. “Una de las cosas que la revolución sexual ha hecho por las mujeres es enseñarnos a verbalizar lo que queremos en la cama. La otra persona no tiene por qué saber leernos la mente”. También ayuda ampliar nuestra definición de sexo, que, en el mundo heterosexual, se suele limitar al sexo con penetración. “Si nos coartamos con una idea tan cerrada de lo que cuenta como sexo, perdemos mucho acceso al placer”, añade.

Es fundamental que las mujeres se sientan empoderadas con sus elecciones en la cama. “Las mujeres deberían sentirse empoderadas para tomar decisiones sobre su cuerpo y ser asertivas con respecto a lo que les gusta y a lo que no”, dice Yadav. Una buena comunicación entre las partes es básica en términos de consentimiento. “Decimos mucho el ‘no es no’, pero creo que también hay que empoderar a las mujeres para que digan ‘sí’”, añade Yadav.

Lidiar con las expectativas sociales

“El sexo feminista tiene que ver con disfrutar de una vida sexual que se ha liberado de las expectativas”, dice Perry, aludiendo al porno, a los medios de comunicación y a nuestra educación como elementos que influyen y le dan forma a nuestra manera de entender el sexo. “Cuando nos acostamos con alguien y lo hacemos con nociones preconcebidas sobre la manera en que se supone que funciona su cuerpo, ya hemos perdido de vista de dónde viene el placer de verdad”, añade Moon. Apunta que las preconcepciones pueden diferir en el caso del sexo de gays y lesbianas. “Mucha gente no sabe cómo es el sexo queer antes de probarlo; no hemos crecido en un mundo saturado de representaciones de ese tipo de sexo, cosa que puede ser una gran ventaja”.

Lo que se percibe como el ideal feminista también puede entrar en conflicto con los deseos sexuales de cada persona. La presentadora del podcast The Guilty Feminist lo demuestra con la ya infame frasecilla de “Soy feminista, pero…”. Perry está de acuerdo: “Hay personas que no quieren una dinámica de poder igualitaria en la cama, y eso está perfecto”. El vello corporal es otro ámbito en el que la gente se debate con sus principios feministas. “Cada cual tiene que hacer lo que le dé la gana con su vello corporal, es cosa suya”, prosigue Perry. “Aunque es difícil saber si lo haces porque te lo manda la sociedad o porque realmente quieres, pero tampoco tiene mucho sentido autoflagelarse con ese tema”.

Autoexploración y pornografía

Una buena comunicación es importante, pero saber lo que quieres también. “Creo que, en general, las mujeres podríamos masturbarnos más y descubrir lo que nos gusta”, dice Moon. “Y aprender a verbalizarlo”.

¿Y qué pasa con el porno? “La manera más feminista de gozar del porno es pagándolo; las webs que circulan por ahí suelen piratear escenas profesionales sin pagar a actores y actrices o a las productoras”, explica. Investiga un poco sobre los y las artistas y las productoras para ver si trabajan de manera ética. ¿Se sienten libres de decir que no a ciertas escenas? ¿Se sienten a salvo? ¿Impera el respeto en el rodaje? ¿Les pagan lo mismo por su trabajo?».

El papel de los hombres

Los hombres también deberían pensar en el sexo con una perspectiva feminista. “Espero que la gente, independientemente de su género, piense en las veces en las que no lo han hecho del todo bien en términos de ética sexual”, dice Moon. “Aprender a hacer las preguntas adecuadas y escuchar la respuesta que te dan es la clave”. “El sexo feminista es, en pocas palabras, sexo del bueno, concluye Yadav, “y vale para todo el mundo”.

How To Have Feminist Sex: A Fairly Graphic Guide, de Flo Perry (Particular Books) | Vogue.