Por Erick Becerra.

En buena medida, el alejamiento social está ocurriendo en Puebla.

Este viernes publicamos como fotografía principal de El Heraldo de Puebla la imagen del centro comercial Angelópolis prácticamente vacío.

Si lo vemos bien, estamos hablando de que es la clase media la que más está tomando en cuenta las medidas de prevención.

Así, ese segmento socioeconómico ha sido influido por los colegios particulares que pararon actividades incluso antes de que la SEP federal haya anunciado que adelantaba las vacaciones de Semana Santa.

Igual los trabajadores de empresas grandes como Volkswagen, cines y prestadores de servicio como los teatros y jardines de fiestas, balnearios, gimnasios y clubes deportivos.

Es decir: el contexto de trabajo o social limita a los integrantes de este grupo social a salir a la calle y arriesgarse a contraer el virus.

A pesar de estas medidas, sabemos de jóvenes y adolescentes que ignoran las medidas establecidas por sus autoridades escolares y en general por el gobierno y se han tomado estos días como de descanso y vacaciones. Pero no lo son.

Hoy, en Puebla, el país y el mundo, estamos frente a un fenómeno tan serio y devastador como la segunda guerra Mundial.

Y de ser así, en México estamos en desventaja.

Porque en México tenemos una gran disparidad social, lo cual está presionando a los estratos más bajos a incumplir con el aislamiento, con el lavado de manos, el alejamiento de encuentros masivos y muchos más.

Concluyo con la idea inicial: frenar el galopante aumento del coronavirus en Puebla sólo puede ser una tarea de todos. Que todos los grupos sociales y organizaciones hagan lo necesario para reducir la exposición de ciudadanos al contacto con otros.

Pienso en los albañiles, en los trabajadores de oficios como plomeros, electricistas o trabajadoras de limpieza y muchas más que si no trabajan no comen. Ellos son los factores de riesgo porque carecen también de recursos para comprar gel antibacterial, lavarse las manos o abstenerse de usar el transporte público.

El daño económico será brutal. Por ello, como dije ayer, urge tratar de paliar hoy esos daños de mañana.

Gracias y nos leemos mañana.

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