Durante muchos años los restos de Copérnico estuvieron perdidos, pero un análisis de ADN en 2008, de un diente y un fragmento óseo de los descubiertos en el templo, confirmó que eran sus restos.

En esta ocasión hablaremos del padre de la astronomía moderna y catalizador de la revolución científica en el siglo XV, el es Nicolás Copérnico, nació el 19 de febrero de 1473 en la ciudad de Thorn (en la actualidad Torun), Prusia, Polonia, dentro del seno de una familia de ricos comerciantes. Fue el más joven de los cuatro hijos de un comerciante de Cracovia y de Barbara Watzenrode, hija de otro rico comerciante de Torun. Su hermano Andreas se convirtió en un fraile agustino, su hermana Barbara, en monja benedictina, siendo priora de un convento en Chelmno. A los cinco hijos de su hermana Katharina, los cuidó hasta el final de su vida. A los 10 años quedó huérfano y quedó a cargo de su tío, un obispo de la iglesia católica.

Su tío fue el obispo Ukasz Watzenrode, que se preocupó por que su sobrino entrara en las mejores universidades. Copérnico hablaba latín y alemán con fluidez, además de griego e italiano. A lo largo de su vida se convertiría en matemático, astrónomo, jurista, físico, clérigo católico, gobernador, administrador, líder militar, diplomático y economista. Gracias a su tío, recibió una rica educación hasta que en 1491 ingresó en la Universidad de Cracovia, donde se formó bajo las directrices del matemático Wojciech Brudzewski. Posteriormente viajó a Italia para estudiar Derecho y Medicina.

En enero de 1497 comienza sus estudios en Derecho Canónico en la Universidad de Bolonia, doctorándose en Astronomía en Roma. Aquí conoció a un profesor de matemáticas, Domenico María de Novara, en cuya casa se alojaba. Además estudió Medicina en Padua. Sin haber finalizado Medicina, se licenció en Derecho Canónico en la Universidad de Ferrara en 1503. Comenzó a estudiar medicina en Padua pero lo dejó poco tiempo después para poder licenciarse en derecho canónico por la Universidad de Ferrara. Volvió a Polonia en 1503. Una vez en su país, se incorporó como consejero de la corte episcopal en el castillo Lidzbark gracias a la influencia de su tío.

En 1512 falleció el obispo, por lo que Copérnico decidió irse a Frauenburg y dedicarse a administrar los bienes del cabildo, además de su puesto como consejero eclesiástico. Estuvo inmerso en varias materias como medicina, el humanismo o las teorías económicas, tema sobre el que publicó un tratado en 1528. Durante 25 años, desde que era ayudante del profesor Domenico María de Novara, en Bolonia, Copérnico realizó repetidas y minuciosas observaciones del movimiento de los planetas que podía ver a simple vista. Su gran capacidad de observación le permitió comprobar que Venus y Mercurio siempre estaban cerca del Sol. Además, observó que daban la impresión de que cambiaban de dirección repetidas veces moviéndose hacia atrás.

Estos hechos, reiteradamente observados, contradecía la teoría de que estos planetas giraran alrededor de la Tierra; pues si así fuera, a veces deberían situarse lejos del Sol, cosa que nunca ocurría. Y era extraño que cambiaran el sentido de la rotación en algunas épocas del año. Comprendió que las observaciones de los hechos reales se explicaban fácilmente con la teoría de que la Tierra y los planetas giran alrededor del Sol, tal como afirmó en la antigüedad Aristarco de Samos. Venus y Mercurio se ven cerca del Sol porque en realidad se hallan más cerca del Sol.

Pensó que si Mercurio está más cerca del Sol, recorre una órbita más corta y se mueve más deprisa que la Tierra, dando la impresión en algunas épocas de moverse hacia atrás porque da varias vueltas alrededor del Sol durante el año terrestre. Eso hace que se tenga la impresión de que cambia de dirección repetidas veces cuando adelanta a la Tierra y luego se aleja de ella. En realidad lleva en todo momento la misma dirección. Fue gran estudioso de los autores clásicos y se confesó como gran admirador de Ptolomeo cuyo Almagesto estudió concienzudamente.

Hacia 1507, elaboró su exposición de un sistema astronómico según el cual la Tierra se traslada en torno al Sol. Aunque esta novedosa afirmación sólo circuló de forma privada, las nuevas ideas se extendieron entre los estudiosos. Durante las tres décadas siguientes, Copérnico ni la publicó ni la enseñó, pero su sistema era comentado por doquier.

Copérnico continuó refinando su teoría. Elaboró nuevas tablas con datos del movimiento de los planetas y escribió extensamente acerca de ello. Pero, debido a la certeza de que su teoría podría desencadenar una enconada controversia eclesiástica, había decidido no publicarlos nunca. En tiempos de la Inquisición no era prudente contradecir las teorías eclesiásticas, con afirmaciones que contradecían a las interpretaciones bíblicas. En 1533, animado por algunos amigos, Copérnico escribió un bosquejo de sus hipótesis acerca de los movimientos celestesCopérnico trabajó con la hipótesis de que las órbitas de los planetas eran circulares. Esto le obligó a introducir gran número de correcciones a su teoría, para que ésta coincidiera con las observaciones reales del movimiento de los planetas.

En este resumen manuscrito estableció su teoría en 6 axiomas, reservando la parte matemática para el trabajo principal que se publicaría más tarde bajo el título «Sobre las revoluciones de las esferas celestes».Esta obra tuvo excelente acogida, incluso en los círculos oficiales de la Iglesia; tanto es así que el Cardenal Schönberg instó a Copérnico a escribir un tratado donde se presentara detalladamente su teoría heliocéntrica. Probablemente no lo habría hecho jamás, a no ser porque en 1539, ya en los últimos años de su vida, fortuita e inesperadamente, llegó a Frauenburgo un joven profesor de matemáticas y astronomía conocido con el nombre de Rheticus (adoptó el nombre latino para eludir ser vinculado a su padre, un médico decapitado por brujería).

Rheticus instó a Copérnico a publicar su teoría. Copérnico se limitó a publicar las tablas que había confeccionado con los movimientos de los planetas, sin mencionar la teoría que las respaldaba. Finalmente, Copérnico aceptó el compromiso de que Rheticus escribiría un libro explicando las ideas de Copérnico, a quien sólo mencionaría por su nombre de pila y su lugar de nacimiento. Fue así como Rheticus escribió una “carta” a uno de sus maestros en la que describía la “teoría del reverendo padre Dr. Nicolás de Torun, canónigo de Ermeland”. Hizo que se imprimiera la carta, que incluía comentarios astrológicos y bíblicos, y la envió a unas cuantas personas. La difusión de este escrito aumentó las presiones sobre Copérnico para que publicase todos sus descubrimientos. Al final cedió. Rheticus traspasó la responsabilidad de imprimirlo al sacerdote luterano Andreas Osiander el cual, astutamente, había propuesto que, si Copérnico se decidía a publicar el libro, dijera que las hipótesis que contenía “no eran artículos de fe sino meros artificios para realizar cálculos”. Con este prudente subterfugio, Copérnico esquivaría las críticas de los aristotélicos y de los teólogos a quienes temía, con toda razón.

Así en el año 1543 se publicó el resultado de las investigaciones iniciadas en 1507. El libro se tituló “Sobre los movimientos de los cuerpos celestes”; en él se afirmaba que el Sol, y no la Tierra, es el centro del universo. Tan revolucionaria teoría marcó un importante hito en la historia de la astronomía. Para proteger a Copérnico, Osiander escribió un prefacio, famoso en la historia de la astronomía, que rebajaba la importancia del libro. “Estas hipótesis no necesitan ser ciertas, ni siquiera probables; aportan un cálculo coherente con las observaciones; con eso basta. Por lo que se refiere a las hipótesis, que nadie espere nada cierto de la astronomía, que no puede proporcionarlo, a no ser que se acepten por verdades las ideas concebidas con otros propósitos y se aleje uno de estos estudios estando más loco que cuando los inició. Adiós”.

El primer ejemplar impreso del libro, que estaba dedicado al Papa Paulo III (Alejandro Farnesio), llegó a manos del Sumo Pontífice el 24 de mayo de 1543. El prefacio estaba sin firma, aunque todos atribuyeron su autoría a Copérnico. Gracias a este subterfugio, los posibles antagonistas decidieron que las ideas expresadas eran tan dudosas que ni siquiera el autor las creía. Pocos días después de entregar su libro, Copérnico falleció en la ciudad de Frauenburgo, a la edad de 70 años el 24 de mayo de 1543 en Frombork, Polonia. Murió sin saber el revuelo que causarían sus teorías y desconociendo que tiempo después sería considerado como el padre de la astronomía moderna. Más adelante, en 1616, cuando Galileo levantó la polvareda, la Iglesia católica inscribió este libro en el Indice de Libros Prohibidos, de donde no fue sacado hasta el año 1835.

Copérnico siempre será recordado como el fundador de la astronomía moderna. Además de su inteligencia y tesón, tuvo el enorme valor de romper con lo que en su tiempo se consideraba una verdad irrefutable. Nicolás Copérnico está considerado el artífice del nacimiento de la astronomía, al proporcionar las bases que permitieron a Kepler, Galileo, Brahe y Newton culminar la revolución astronómica con la formulación de la teoría heliocéntrica, según la cual la Tierra no es el centro del universo, sino que la Tierra y los otros planetas giran alrededor del Sol. Sin embargo, la rotación diaria de la Tierra alrededor de su eje no fue demostrada definitivamente hasta el año 1855, cuando el francés Jean Foucalt (1819-1868) utilizó para ello su famoso péndulo.

Copérnico publicó su primer libro, una traducción del latín de cartas de ética de un autor bizantino del siglo VII, Teofilatos de Simocata. De 1507 a 1515 escribió un tratado de astronomía, De hypothesibus motuum coelestium a se constitutis commentariolus (conocido como el Commentariolus), la obra sentó las bases de su concepción heliocéntrica. Viaja a Frauenburg, en 1512, y toma parte en la comisión del quinto Concilio Laterano para la reforma del calendario (1515); escribió un tratado sobre el dinero (1517) y escribe De revolutionibus orbium caelestium (Sobre las revoluciones de los cuerpos celestes), que culminó en 1530 y fue publicado el 24 de mayo de 1543.

Formuló la teoría heliocéntrica del Sistema Solar, basada en los estudios de Aristarco de Samos (310 a.C.–230 a.C.). Su teoría establecía que la Tierra giraba sobre sí misma una vez al día, y que una vez al año daba una vuelta completa alrededor del Sol. Además afirmaba que la Tierra, en su movimiento rotatorio, se inclinaba sobre su eje. Una de sus aportaciones fue el nuevo orden de alineación de los planetas según sus periodos de rotación. Notó que cuanto mayor era el radio de la órbita de un planeta, más tiempo tardaba en dar una vuelta completa alrededor del Sol. Fue objeto de numerosas críticas, en especial de la Iglesia, por negar que la Tierra fuera el centro del Universo. Sus libros ingresaron al Índex (lista de publicaciones prohibidas por la Iglesia). Galileo y el astrónomo alemán Johannes Kepler fueron sus seguidores.

Nunca se casó ni tuvo hijos. Hacia finales 1542, Copérnico sufrió una apoplejía y parálisis, falleciendo el 24 de mayo de 1543 en Frombork, Polonia. Fue enterrado en la catedral, donde los arqueólogos durante más de dos siglos buscaron en vano su tumba, hasta que en agosto de 2005 un equipo la descubrió bajo el piso de la catedral. Un análisis de ADN en 2008 de un diente y un fragmento óseo de los descubiertos en el templo, confirmó que eran sus restos.

Sabías que… Existe un elemento con su nombre. En 2010 la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada (IUPAC) nombró al elemento 112 de la tabla periódica como copernicio.

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