De antaño se ha arrastrado la idea de que las mujeres no deben mostrar sus necesidades sexuales ya que esto es propio de los hombres; ellas deben ser reservadas en eso de sentir y expresar sus deseos, pues lo que les corresponde es responder a las demandas sexuales de su pareja.

En nuestra cultura y en función de múltiples justificaciones, el deseo sexual femenino ha estado oculto, así como subordinado a las necesidades sexuales masculinas. Sean justificaciones de tipo moral, social o profesional las que se han utilizado a lo largo del tiempo para impedir la expresión de la naturaleza sexual femenina, lo que ha sucedido es que se ha desvirtuado y desvalorizado el deseo sexual femenino incluso poniendo en entredicho su existencia. Las consecuencias de esta ideología han afectado a generaciones de mujeres quienes se han visto así, impedidas para identificar y aceptar sus propias necesidades en este terreno.

La presión social orientada a reprimir u ocultar los deseos sexuales femeninos, unida a la falta de una educación sexual adecuada, ha provocado que -las mujeres en general- presenten una serie de problemas clínicos con su respuesta sexual, especialmente relacionados con la fase del deseo que es clave en el encuentro sexual.

Las “alteraciones del deseo sexual” ocupan el 2do lugar dentro de las problemáticas sexuales femeninas en México; esta disfunción sexual va desde una inhibición total del deseo (nulo) o un deseo sexual hipoactivo (bajo) hasta amplias fluctuaciones en el mismo y en el cual predominan con mucho los motivos psicológicos sobre los biológicos.

La combinación de aprendizajes tempranos anti-eróticos y las presiones culturales anti-sexuales hacen que las experiencias sexuales de las mujeres sean más difíciles de enfrentar que las de los hombres; a todo esto habría que agregarle el desconocimiento de los aspectos fisiológicos y psicológicos propios del erotismo femenino por parte de ellas mismas y de sus parejas, lo que definitivamente inhibe las expresiones sexuales plenas de la vida adulta.

El intercambio sexual de la pareja se basa en una serie de suposiciones que no ayudan al intercambio sexual: a) falta de confianza mutua para decir lo que sienten y lo que quieren en el terreno sexual; b) dificultades para identificar el momento y la frecuencia adecuada de las relaciones sexuales; c) las equivocadas suposiciones de los hombres que creen que, lo que los excita también excita a su pareja; d) la dificultad femenina para identificar y expresar el tipo de acercamiento masculino que desean; e) el mutuo desconocimiento de las características de la respuesta sexual a nivel psicofisiológico.

El resultado de la interacción sexual en estos casos es “yo pierdo, tú pierdes”: mujeres con poco o ningún deseo sexual que se quejan de la forma en que sus parejas se comportan en el terreno sexual, así como hombres resentidos y enojados que se quejan de que sus parejas no entienden sus necesidades sexuales.

Los problemas del deseo sexual son de las temáticas más difíciles de atender profesionalmente, aun así es recomendable acudir al profesional para que se evalúe y se haga un diagnóstico de la situación, que permita considerar alternativas de tratamiento que siempre serán mejores que no hacer nada.

Por Alfonso Aguirre Sandoval

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