El gobierno que termina logró avanzar en algunas áreas, pero quedó rezagado en otras. El presidente Andrés Manuel López, aunque logró disertar y criticar no concretó las bases de lo que sería el nuevo modelo de país que sustituirá al modelo “fracasado” del neoliberalismo.

Con una tasa de desocupación a la baja desde 2011 que a finales este año registró 3.3%, cuando hace seis años se encontraba en 5%, una inflación más controlada que oscilará a fines del presente año en 4.9%, menor al cierre de 2017 de 6.77% y con un déficit en la balanza de pagos de 3 mil 882 millones de dólares al segundo trimestre de 2018, termina el periodo de Enrique Peña Nieto y de una era fallida e ineficaz del PRI tras la recuperación de la presidencia hace seis años.

Aunque aumentaron en forma importante las reservas internacionales del país durante 2014 y 2015, llegando a más de 196 mil millones de dólares en enero de 2015, al mes de octubre de 2018 había más de 173 mil millones de dólares en las arcas del Banco de México, dejando un tipo de cambio de alrededor de 20.45 pesos por dólar interbancario de 48 horas en el Banco de México a principios de la jornada del 30 de noviembre de 2018.

El crecimiento de la deuda fue alarmante. En 2011 la deuda neta del sector público fue de 4.8 billones de pesos, para el mes de septiembre de 2018 ésta fue de 10.7 billones de pesos, un aumento de 2.2 veces en seis años.

La inversión extranjera directa se cayó y se ubicó en 4 mil 134 millones de dólares al tercer trimestre de 2018, cuando era de 6 mil 189 millones de dólares a finales de 2011, en tanto el salario mínimo pasó de 58.06 pesos en 2011 a 88.36 pesos en 2018, un incremento de 52% en seis años.

Respecto al producto interno bruto (PIB), en el tercer trimestre de 2018 creció 0.9% respecto al trimestre anterior, tasa 11 décimas mayor que la del segundo trimestre de 2018, que fue del -0.2%. La variación interanual del PIB ha sido del 2.6%, 10 décimas mayor que la del segundo trimestre de 2018, que fue del 1.6%. En términos de crecimiento anual, entre 2013 y 2018 el crecimiento promedio del PIB fue de 2.5%.

Según estas cifras, aunque no se redujo en forma significativa el tamaño del sector informal de la economía sí fue posible disminuir el desempleo, controlar la inflación para dirigirla hacia la meta del 3% anual, mantener las reservas internacionales y evitar, en la medida de lo posible, un mayor deterioro del tipo de cambio con respecto dólar y crecer en promedio en seis años a una tasa de 2.5%. El punto rojo notable es el aumento de la deuda del sector público.

Teniendo como fondo estos datos, que muestran en general el objetivo de la política económica seguida por el gobierno anterior de mantener controladas las principales variables macroeconómicas, tras la declaración del fracaso de más de tres décadas del neoliberalismo en México y de su terminación con la apertura de un “cambio de régimen político”, el gobierno entrante ha decretado el inicio de una nueva era, en la que la “cuarta transformación” acabará con la corrupción y la impunidad.

Sin embargo, aunque con el uso del escándalo, vituperio y crítica el discurso del presidente López logró el propósito de dibujar los contornos de lo que serán los signos del nuevo centro del decidir público, por lo menos en sus símbolos y características políticas populistas, no fue esbozado cuál es el proyecto que busca encabezar, cuáles son las políticas nuevas, novedosas y diferentes que harán la distinción “de izquierda” contra el neoliberalismo, cualquiera que sea el concepto que éste parezca tener.

Esta omisión es grave porque declarar el destierro de un modelo económico con claros elementos políticos, culturales y sociales, enraizado en las burocracias federales y en muchas locales, con visiones y actores nacionales e internacionales amalgamados alrededor de sus principios, herramientas, medidas de política económica y tendencias globalizantes, sin anunciar el contenido mínimo del modelo que se pretende impulsar para sustituirlo, es un error estratégico que llevará a riesgos tácticos y a crisis de identidad entre los miembros de su gabinete, pues parece constituir un intento de gobernar mediante “eventos”, mítines, discursos pero sin un programa que tenga el peso, la profundidad y el sentido que hoy tiene el denostado neoliberalismo.

Se equivoca el presidente López si calcula que con su sola presencia se acabó todo un modelo y una forma de ser del gobierno federal, como se equivocó el entonces presidente Fox cuando creyó que su triunfo significaba por ese hecho la caída de una estructura política, pues sustituir toda una forma de gobernación implica oponerle otra de igual envergadura, estructura y carácter, con sólidos principios, herramientas y medidas. Lo que anunció López son simples esquemas de ayuda, pago de facturas, esquemas para cumplir con promesas y mantener la lealtad del oprimido e ideologizado seguidor, pero en el fondo no hay ese proyecto que en verdad sea “alternativo” de nación.

Más le conviene al presidente de México apurarse y presentar las bases filosóficas, económicas, políticas, culturales e ideológicas de lo que será “la” política económica que económica, política, técnica y presupuestalmente habrá de sustituir al fracasado neoliberalismo.

Ricardo Caballero de la Rosa