Fue nombrada como “Benemérita y Dulcísima Madre de la Patria”

Una de las pocas mujeres que participaron en la guerra de independencia fue Leona Vicario, es considerada la primera mujer periodista en México, pero quien fue ella, como fue que apoyo la causa. Su nombre completo María de la Soledad Leona y Camila Vicario Fernández, nació el 10 de abril de 1789, en la Ciudad de México. Fue hija del comerciante español Gaspar Martín Vicario, quien provenía de Ampudia, y de la criolla Camila Fernández de Salvador y Montiel.

Su padre murió cuando era niña y su madre al cumplir 17 años, por lo que desde ésa edad quedó bajo tutela de su tío Agustín Pomposo Fernández, un reconocido abogado. Gracias a los bienes heredados de sus padres, Leona pudo gozar de una excelente educación, aprendiendo ciencias, bellas artes, pintura, canto y literatura. Además, aprendió latín y francés, esto de manera autodidacta.

Durante los momentos en que iniciaron los rumores de los proyectos independentistas por parte de los caudillos mexicanos, ella tenía 21 años y un gran conocimiento sobre la situación política y social de su país. Tenía una clara inclinación pro independentista. Por ese entonces, se había relacionado con muchos personajes ilustres que abrazaban la idea de la independencia, además, tenía una amplia actividad social, algo inusual en las mujeres de la época. En el bufete de su tío trabajó como pasante en leyes, allí conoció a Andrés Quintana Roo, de quien se enamoró y con quien colaboró con gran entusiasmo en favor de la protesta criolla, a partir de 1808.

tenía simpatía por las ideas de libertad y abolición de la esclavitud en la que estaban sumergidos “sus” indios, como ella les llamaba cariñosamente. Fue miembro de los “Guadalupes”, un grupo que le brindó gran apoyo a Mariano Matamoros y José María Morelos y Pavón. A esta comunidad también perteneció Ignacio López Rayón. No dudó en unirse a la causa, y apoyarla en todo lo que estaba al alcance de su mano. Financió armamento, sostenía a las familias de los cañoneros, veía por los indefensos, etc. 

A inicios del año 1810, Leona Vicario actuó como mensajera de los insurgentes, dio cobijo a fugitivos, llegó a vender sus joyas para pagar pertrechos de guerra: lanzas, espadas, fusiles y cañones, fabricados en Tlalpujahua. Además, colaboró con los rebeldes, llevándoles noticias e información de los movimientos en la corte virreinal. Su fervor era tal que a finales de 1812 logró convencer a unos armeros vizcaínos para que se pasaran a su bando, trasladándose al campamento de Ignacio López Rayón, donde se dedicaron a fabricar fusiles. Poco después, debido a una correspondencia interceptada por las autoridades, su vida comenzó a correr peligro.

En el movimiento independentista distribuyó correspondencia rebelde, prestó su casa como punto de reunión, ayudó a las familias de los apresados, reclutó jóvenes para la lucha e invirtió su fortuna en armas.De acuerdo a información manejada por la Secretaría de Educación Pública, Leona Vicario desarrolló un enorme sentido crítico frente al mundo a partir de sus lecturas. Su trabajo como periodista se publicó en diarios como El Semanario Patriótico Americano, El Federalista y El Ilustrador Americano. Es justo en este último periódico que los insurgentes observan su trabajo y se ponen en contacto con quien después sería considerada la mujer de la Independencia.

Cuando se inicia la Guerra de Independencia, Leona Vicario se unió a los insurgentes, luego de que ellos se comunicaran con ella. Desde al Ciudad de México, Leona Vicario les daba información de lo que ocurría en la capital mexicana, además de ayudarles con algunos bienes, todo en pro de la causa libertaria.

Leona Vicario se casó en 1813 con Andrés Quintana Roo, un matrimonio que a la brevedad quiso anular pues el tío de la periodista consideró impropio el enlace porque Quintana Roo no era de la misma clase social que Leona. Ese mismo año, ella fue encarcelada al descubrirse que era conspiradora y que apoyaba el movimiento de Independencia, pero con ayuda de dos correligionarios pudo escapar y refugiarse en Oaxaca.

Para el mes de marzo de 1813, la Real Junta de Seguridad y Buen Orden, abrió un larguísimo proceso en su contra. Su tío quedó muy consternado e indignado por dicha situación, ya que era un defensor acérrimo de la monarquía y sus representantes, fue enviada al Colegio de Belén de las Mochas; y sometida a interrogatorio. Declarada culpable, en lugar de enviarla a la cárcel se la mantuvo recluida en el mismo lugar. Su presidio terminó cuando en un acto épico un grupo de caballeros bajo el mando de Andrés Quintana Roo la liberaron. Fue enviada fuera de la ciudad, Leona, con la cara y los brazos pintados de negro, y unas cuantas mujeres, vestidas también de negro, marchaban sentadas sobre unos huacales, que contenían material para realizar periódicos rebeldes.

A partir de entonces su vida estuvo prendida de la de Quintana, siempre a su servicio, el de la insurgencia y del Congreso Insurgente. José María Morelos logró liberar la ciudad de Oaxaca, llegando ahí se encontró con Carlos María de Bustamante, quien escribió a Morelos contándole las admirables hazañas de la joven. Aún hay pruebas de las cartas que el líder insurgente envió a Leona desde Chilpancingo. Morelos le dotó de una gran recompensa económica en nombre del Supremo Congreso en 1813. Leona permaneció los años siguientes junto a su marido de un pueblo a otro.

En ese momento Quintana fue diputado, luego presidente de la asamblea popular, luego fue remplazado por el general Morelos. Con el apoyo de los caudillos y evidentemente de Leona, se proclamaba la Independencia de la América mexicana y se leyó en voz alta en Apatzingán la Constitución de México. Leona siguió colaborando y trabajó en la realización de los periódicos, El Ilustrador Americano y el Semanario Patriótico Americano, publicados gracias a Quintana.

La situación empeoró, los líderes de la independencia comenzaron a ser perseguidos. Finalmente, José María Morelos fue asesinado, lo que produjo la disolución del Congreso por las propias facciones insurgentes enfrentadas. Leona Vicario y su marido se escondieron en la zona de Michoacán, rechazando los repetidos indultos que les llegaban desde la capital, entre ellos, los de su tío. En 1817, Leona fue capturada cuando acababa de dar a luz su primera hija, Genoveva. Fue confinada en la ciudad de Toluca, donde permaneció hasta 1820. Desde allí, escribió un poema titulado La libertad y la tiranía, debido al feliz acontecimiento de la jura de la Constitución de Cádiz, llevado a cabo en Toluca.

Con este suceso su liberación fue inmediata, regresó con su esposo a la ciudad de México y en compensación por la pérdida de sus bienes familiares, el Congreso de la República concedió al hogar una indemnización monetaria y una hacienda de labor, pulque y ganado llamada Ocotepec, en los llanos de Apam, además de tres casas en la ciudad de México. Cuando rento la planta baja de una de estas recibió como inquilino a Antonio López de Santa Anna. Desde ese momento, fue conocida como “la mujer fuerte de la Independencia”. Cuando nació su segunda hija, Dolores, Quintana tuvo que huir a causa de las persecuciones del presidente Anastasio Bustamante por las campañas de prensa que se difundían desde El Federalista.

Pocos días después, Leona Vicario publicó en El Federalista una larga relación de lo sucedido. Ello generó una gran polémica en la que intervinieron periódicos como El Sol, El Registro Oficial. La noticia entonces se expandió por todo el territorio mexicano. Como resultado, logró la tranquilidad de su esposo. Desde 1835, Quintana Roo permaneció como Magistrado de la Suprema Corte de Justicia, en donde tuvo un papel relevante gracias a la ayuda de su esposa. Mientras ella se puso al mando de El Federalista y de unas populares tertulias literarias y políticas que instituyó en su ciudad.

Leona Vicario vivió en la casa ubicada en la calle de Cocheras, hoy Brasil. Pocos años después, el 21 de agosto de 1842, Leona Vicario falleció en la ciudad de México a los 53 años de edad. Fue declarada “Benemérita y Dulcísima Madre de la Patria”, siendo la única mujer en tener un funeral de Estado; sus restos descansaron primero en el panteón de Santa Paula y en 1900, fueron enviados a la Rotonda de las Personas Ilustres a petición de sus hijas, hasta su traslado en 1925, a la Columna de la Independencia en Paseo de la Reforma.

Antes de cumplir 50 años, escribió en su testamento que estaba sana, pero su cuerpo “resentía la larga lucha, el hambre, el cansancio y la desdicha que había padecido durante los años de guerra”, indica la página electrónica de la Secretaría de Educación Pública. Su legado
de valentía, ejemplo y lucha por los ideales de libertad. después de leer su vida ella es la verdadera Leona de México.

Con información de Fundación Carlos Slim, News Cultura Colectiva, Historia-Biografía, Excelsior y Regalos Artesanales