Bastaron sólo dos meses para comprobar que en Puebla siguen predominando los tiempos “inquisidores” cuando se trata de debatir sobre esos temas tabú que a estas alturas, resultan una necesidad ponerlos en la agenda de gobernanza y de la opinión ciudadana.

Resulta que la negativa del Gobierno de Luis Miguel Barbosa para despenalizar el aborto en Puebla y aprobar los matrimonios igualitarios exhibe no sólo misoginia gubernamental, sino la simulación de las propias mujeres que hasta hace unos meses montaban sus shows “standuperos” para hablar de feminismo a ultranza y colgarse los famosos pañuelos verdes.

Me pregunto ¿dónde están esas mujeres? El que hoy ocupen cargos en el gobierno estatal no las exime de esos silencios ominosos que reflejan la verdadera cara de la moneda.

Si tanto se cacareó la creación de una Secretaría de la Mujer hoy queda claro que el poder de sumisión las deja fuera de la jugada ante la ola de cuestionamientos sobre dos temas que resultan de alta sensibilidad para una sociedad que está ávida de respuestas para esos sectores que exigen reconocer no sólo la DIVERSIDAD en todas sus modalidades, sino el poder de decisión que sobre nuestro cuerpo y actos tenemos las mujeres.

A las señoras del Stand up feminista decirles que no sólo basta con amarrase su pañuelito verde; tampoco tomarse fotos caminando por las calles, ni mucho menos hablando de pluralidad cuando a la primera circunstancia se callaron.

El feminismo de reflector no nos sirve en Puebla. Ocupamos un debate entre las ciudadanas reales, nos las de siempre, las que se montaron en candidaturas u hoy están amordazadas por ser burócratas de closet.

La simulación también alcanzó al Congreso del Estado, el cual una vez más, ratifica ser de uso “exclusivo” de los ejecutivos estatales, ignorando el debate y las posturas críticas como la de la diputada Rocío García Olmedo.

Es lamentable que desde un órgano legislativo se compruebe la sumisión de aquellos que ocupan curules para levantar manos a petición gubernamental exhibiendo sus contradicciones y enviando un mensaje de pérdida de autonomía ante una sociedad que está harta de lo mismo.

¿Cuándo escucharemos a la Secretaria Mónica Díaz de Rivera darnos su opinión sobre las polémicas iniciativas gubernamentales?

Son tan pobres los argumentos que hasta ahora se han escuchado que la proximidad de un año electoral y la cadena de desaciertos que sigue cometiendo el Gobierno Barbosista dejan en evidencia a una Puebla que en menos de dos meses perdió la brújula.

Cerremos el paso a toda aquella simulación y oportunismo para ocupar al feminismo como un capital político que atraiga votos, arriesgue vidas y censure diversidad.

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