Conocido como el Óscar Wilde mexicano, hoy se cumplen 46 años de su muerte.

Hoy recordamos a un personaje de la literatura mexicana, el escritor Salvador Novo, considerado como el Óscar Wilde mexicano, quien cumple 46 años de su fallecimiento, ocurrido un 13 de enero de 1974. Pero ¿quién era Salvador Novo? Nació el 30 de julio de 1904 en el Distrito Federal, a los seis años él y su familia se trasladaron a Torreón, Coahuila. Ahí vivió hasta los doce años, donde completó una azarosa educación primaria. Primero ingresó a colegios particulares, a los ocho años lo obligaron a estudiar en una escuela exclusiva para niñas –donde le habrían enseñado las oraciones necesarias para recibir la primera comunión a los diez años–, y luego cursó el sexto año en una «repugnante escuela oficial» –según Novo–. Esta experiencia, a la cual se le suma que lo mantenían la mayor parte del tiempo recluido en el hogar materno, generó en él cierto desprecio por las escuelas, además de sus primeros traumas sexuales. En el periodo entre su infancia y adolescencia, Novo terminó por definir su sexualidad.

En ese entonces Torreón era “en un rumbo entonces muy despoblado y que nadie quería habitar porque nada lo defendía de las balas y de las bombas y además era siempre por ahí por donde entraba Villa con sus hordas”. Había cometido tan pocos pecados
que no creía merecer comulgar.
Diez mandamientos era demasiado mucho que infringir
para quien apenas tenía diez años. […]
«Primera comunión»

Años después regresó a la Ciudad de México para estudiar en la UNAM la carrera de leyes, la cual dejó inconclusa para dedicarse a colaborar en múltiples revistas literarias desde 1920. Así fue como su talento floreció. En sus Memorias –las cuales circularon fragmentadas en fotocopias entre sus amigos–, Novo cuenta que conoció a Xavier Villaurrutia en el patio grande de San Ildefonso, ambos congeniaron al instante y lograron crear la revista Ulises en 1927. Esto después de fracasar en sus intentos de convertirse en abogado (comenzó la carrera pero nunca la concluyó), fundó junto a Xavier Villaurrutia el teatro experimental Ulises. Un año después se unió con distinguidos intelectuales de su generación –quienes también publicaban revistas literarias– para lanzar la revista Contemporáneos, nombre que adoptaron para referirse al grupo vanguardista que conformaron, junto con Torres Bodet, Carlos Pellicer, Ortiz de Montellano, González Rojo, entre otros.

Es un autor que goza de menos popularidad de la que debería tener y que permite conocer los inicios de la poesía mexicana del siglo XX. Se caracterizó por ofrecer un giro rotundo a la poesía de su tierra al incorporar el humor en una prosa sumamente llevadera y fluida. Entre todas sus facultades y los aportes que entregó a la literatura mexicana se resalta su activa intención de renovar las letras de este país, incorporando elementos traídos de otras culturas. Novo también fue un hombre preocupado por la difusión de la cultura y se sabe que estuvo involucrado, junto a Carlos Chávez, en la creación del Instituto Nacional de Bellas Artes y del pequeño teatro fundada a la pequeña ciudad de Coyoacán al que dio el nombre de La Capilla y donde estrenó la obra El presidente Heredia, una importante obra italiana.

También publico una vasta crónica sobre la vida intelectual en México y los principales referentes de la cultura: narra espectáculos relevantes de la época y critica o halaga a diversos autores de la época. Cultivó principalmente la poesía; no obstante también se conocen interesantes obras de teatro, textos en prosa y ensayos de su autoría. Algunos de ellos totalmente vinculados con su postura y su compromiso político. Entre su obra poética no podemos dejar de mencionar «Espejo», «Nuestra Tierra» y «Letras vencidas».En 1967 Novo fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura, el más importante en suelo mexicano que lo condecoró como un autor ineludible de las letras de mexicanas.

En la obra de Novo se aprecia una elocuente burla hacia todo lo que pueda estar vinculado de alguna forma con el sentimiento modernista. El punto de partida para dar rienda suelta a su voz fue la lectura de los autores anglosajones de finales de siglo XIX; tal es así que muchos lo llaman el Wilde Mexicano. Su escritura limpia lo ubica dentro del movimiento contemporáneo con algunos tintes de surrealismo y de ciertas vanguardias con claro peso en dicha época. Hay una gran variedad de tópicos y estilos en el trabajo de Novo: se conocen poemas que escribió antes de los 12 años y otros escritos en sus años de juventud y madurez. Como es de esperarse existe una gran distancia en la escritura marcada por el paso de los años y las experiencias. No obstante, en toda su obra puede notarse una actitud irónica constante; lo cual nos permite decir que la ironía ocupa gran parte de su obra, es una distinción clara de su estilo tanto como poeta como narrador.

Antes de Novo no se tienen muchos ejemplos de ironía, humor y sátira en la poesia mexicana; y es debido a su gran afición por los autores ingleses que introduce este elemento que se convertirá en adelante en una lanza para muchos autores de esta tierra. Entre los temas mejor trabajados de Novo seguramente la banalidad de la sociedad contemporánea y la crítica constante a la rutina consumista son uno de los más reincidentes; cabe mencionar que dedicó muchos años de su vida a estudiar el comportamiento humano y sobre todo el comportamiento de las sociedades globalizadas. Pruebas de ello son sus poemas. Pero no podemos olvidarnos de su interés por retratar la vida en México y la identidad de su pueblo.

En su obra «Nueva grandeza mexicana» fijó un compromiso tácito con su tierra y permitió trascender de escritor a ciudadano político. A raíz de la publicación de esta obra comenzaron a llamarlo cronista de la Ciudad de México. En lo que respecta a sus argumentos, la mayoría intentan mostrar el contraste entre la vida de la ciudad y la del campo; tal es así que algunos de sus personajes más famosos son individuos que emigran del campo a la capital y se enfrentan a los artilugios tecnológicos y el avance que estaba teniendo lugar a comienzos del siglo XX. “Jaime [Torres Bodet] no ha tenido vida -afirmaba Novo en una entrevista, en 1958, realizada por Emmanuel Carballo- ha tenido desde pequeño biografía. Yo, por el contrario, he tenido vida. La biografía de un hombre como yo heriría las buenas costumbres”, dijo

Ahí, en medio de la revolución y los libros, Novo descubrió su pasión por las letras y vivió uno de los sucesos que lo marcaría más profundamente: cursó los últimos grados de primara en un colegio exclusivo para mujeres. Novo vivió abiertamente la homosexualidad en una época cerrada y represiva, pero este detalle solo se suma a su perenne modernidad, demostrada no solo en su estilo de vida personal, sino en todas las formas de su literatura y su visión del mundo.

Dice de él Octavio Paz: “en aquel México lleno todavía de supervivencias del siglo XIX, Novo afirmaba casi como un desafío su voluntad de ser moderno. Nos azoraban sus corbatas, sus juicios irreverentes, sus zapatos bayos y chatos, su pelo untado de stacomb, sus cejas depiladas, sus anglicismos. Su programa era asombrar o irritar. Lo conseguía”.

Fue poeta, ensayista, dramaturgo, cronista, crítico mordaz y hasta guionista, productor y dialoguista de varias cintas mexicanas; también incursionó en la televisión y en la publicidad, a él se le adjudica la autoría del famoso eslogan “remoje, sacuda y tienda” de un detergente para ropa. Formó parte del grupo de los Contemporáneos, fundado en 1928 y donde militaban figuras de la talla de Jaime Torres Bodet, Enrique González Rojo, José Gorostiza, Carlos Pellicer, Gilberto Owen, Jorge Cuesta y Xavier Villaurrutia. Con este último dirigió de 1927 a 1928 la revista Ulises, publicación con la que se inició la modernidad literaria en México.

En 1947, junto a Xavier Villaurrutia, Celestino Gorostiza y Clementina Otero, formó la Escuela de Arte Teatral de Bellas Artes. Fue el primer director de la Coordinación Nacional de Literatura de Bellas Artes, llamado: Departamento de Teatro y Literatura en aquella época. Unos años después fue nombrado jefe del Departamento Editorial de la Secretaría de Educación, y a partir de ese momento se empezaron a publicar sus primeros volúmenes de poesía. Se dedicó al periodismo tanto como a crear versos. Su prosa se volvió famosa y reconocida, poseía una habilidad auténtica llena de picardía a la hora de escribir. Gracias a esto logró ingresar a la Academia Mexicana de la Lengua, y fue merecedor del Premio Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura. Así también se unió a Carlos Chávez –fundador de la Orquesta Sinfónica de México– para crear el Instituto Nacional de Bellas Artes.


El grupo Contemporáneos, en un reunión, el 2 de septiembre de 1932. Sentados de izquierda a derecha: Samuel Ramos, Roberto Montenegro, Julio Torri, Salvador Novo, Enrique Diez-Canedo, Palma Guillén, Gonzalo Zaldumbide, Enrique González Martínez y Mariano Azuela. De pie: Floricel, Xavier Villaurrutia, Francisco Monterde, José Gorostiza, Carlos Pellicer, Manuel Toussaint, Artemio del Valle-Arizpe, Xavier Icaza, Enrique González Rojo, Bernardo Ortiz de Montellano, Guillermo Jiménez, Jorge Cuesta y Celestino Gorostiza.

Muchas personas han definido a Salvador Novo como «problemático homosexual», por el hecho de ser quien era –sin reservas–, en una época donde el machismo se mantenía a través de la segregación y la violencia. Como todas aquellas personas que se expresan, sin pena ni miedo a los prejuicios, Novo se hizo de amigos y enemigos dentro de las artes. Uno de sus amigos, también señalado como su más importante conquista, fue el reconocido poeta Federico García Lorca. Ambos se conocieron en Argentina, porque Alfonso Reyes y Ricardo Molinari los presentaron justo el día del estreno de la obra de teatro: La zapatera prodigiosa. Aunque esa noche no pudieron hablar mucho, al día siguiente fueron a comer, y durante el tiempo que Novo estuvo en Sudamérica, él y Lorca intimaron bastante. Hay evidencia epistolar del romance entre ambos, así como el poema de «Angelillo y Adela», escrito por Novo y dedicado a Lorca.

Justo del otro lado del ring se encuentra el muralista Diego Rivera. La razón de su contrariedad era básicamente el arte. Él insistía que el arte debía estar al servicio de los ideales políticos, mientras que Novo decía que «el arte sólo tenia compromiso con el arte mismo.» Molesto por dicha postura, Rivera retrataba al poeta y a sus amigos contemporáneos de manera satirizada, con poses femeninas. Pero Salvador Novo no se quedó de manos cruzadas, y le respondió a una de esas imágenes con un poema titulado «La Diegada»:

Hasta un rascacielos enorme y derecho
lleva sus pinceles el hijo de puta.
Nueva York se asombra, porque se ejecuta
por vez primera El buey sobre el techo.
(…)
Un suceso espantable es lo ocurrido;
Descendió del andamio tan cansado,
que al granero se fue, soltó un mugido
y púsose a roncar aletargado.

Cada poema de Novo lleva cierta clave de humor. Despiadados epigramas de ocasión para describir justo aquello de lo que se le ha acusado: experimentos vanguardistas a través de versos, chistoretes obscenos sin otro límite que el de la métrica. Novo hizo lo que pudo y resistió hasta el final; fue capaz de crear una de las aventuras líricas más radicales de la poesía mexicana del siglo XX. Un personaje incómodo para entonces, por distintos motivos, de quien suelen festejarse sus crónicas, y sus divertidísimas memorias –léase La estatua de sal (1965); A ocho columnas (1956), o su colección de sonetos.

Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, en 1965 fue designado cronista oficial de la ciudad de México y galardonado con el Premio Nacional de Literatura en 1967. Salvador Novo falleció, en la Ciudad de México el 13 de enero de 1974,su cuerpo fue velado en el Zócalo, en el Departamento del Distrito Federal. Su atrevida personalidad y el legado de su intelecto lo convirtieron en un escritor digno de respeto; aunque esto no le valió de nada a la hora de rendir las cuentas finales, pues no fue aceptado en la rotonda de los Hombres Ilustres, y no pudo acompañar en la eternidad a su vecina y amiga Dolores del Río.

Algarabía, Sin Embargo y Poemas del Alma