No se ve ningún obstáculo para que la guardia nacional sea finalmente creada de acuerdo con la idea original del presidente López. La iniciativa presidencial que contiene su creación ya fue aprobada por la Cámara de Diputados y sin problema será lo mismo en la Cámara de Senadores. Como se trata de una reforma constitucional, deberá aprobarse por los estados a través de sus respectivas legislaturas.

La iniciativa fue muy criticada por su matiz fuertemente militar, aunque con tintes de mando civiles que la hacen una propuesta mixta al integrar jefes de los cuerpos de seguridad militar, naval y de la secretaría de seguridad pública.

A pesar de las fundadas críticas esbozadas por académicos, analistas, estudiosos y representantes de iniciativas sociales, la iniciativa goza de popularidad, la gente la valora por la fuerza que implica y el propio gobierno la mira como la medida que lo pondrá en una situación de igualdad de circunstancias frente al crimen organizado.

Con todo, la militarización de las fuerzas de seguridad constituye una decisión que dejará atrás cualquier pretensión social o política de generar capacidades civiles para atender el problema de la inseguridad, soslayará la falta de capacidades estatales en este sector y la ausencia de capacidades en los municipios.

Esta decisión de entregar la seguridad a la disciplina militar tampoco reconoce mecanismos de salida o momentos de recuperación del mando civil, elementos efectivos de control suficientes para garantizar el uso debido de la fuerza y los derechos humanos, mucho menos el peso y la fuerza operativa de nuestro federalismo, en sus distintas vertientes y que es el mecanismo por excelencia para descentralizar decisiones, concertar programas y evaluar políticas.

Esta decisión presidencial de hacer militar el orden de combate contra la inseguridad no está planteada ni funcionará como estrategia de corto plazo, es decir, en lo que se identifican y desarrollan capacidades civiles suficientes para reaccionar de manera ordenada y firme ante la ola de crecimiento de la inseguridad. No. Por el contrario, la medida responde a la gran responsabilidad con la que se encontró Andrés Manuel López una vez que asumió el cargo de presidente López y pudo valorar la profundidad del problema.

El frente de decisión es claro. Entre hacer las cosas hoy con una fuerza militarizada, centralizada y concentrada en la presidencia, a pesar de la crítica que ello genere y el peligro de politizar al sector militar y naval, o hacer las cosas mañana con una fuerza civil, eficiente, profesional y comprometida, que tardaría varios años en crearse y tener expresión en todo el país, media una brecha que es difícil de cubrir, tiempo en el que pueden desatarse más crisis y abrirse escenarios más difíciles de atender. Por eso, ante el problema de la inseguridad la solución inmediata de hacer militar lo civil y buscar un conglomerado que disipe toda duda acerca del poder del presidente López.

La popularidad que acompaña esta medida permite correr ciertos riesgos y dar al populismo un corte militar cuyo poderío puede traducirse en populismo del uso de la fuerza sin control ni sanción. Es la consecuencia de dejar de creer en las instituciones civiles y de dejar atrás su uso porque se le miran con desconfianza.

Tendremos así un conjunto de acciones desplegadas en el país por la nueva guardia nacional y el intento de su réplica por parte de estados y municipios debilitados y dejados de lado por la medida centralista y vertical que subordina la directriz civil al mando militar.