«Me llamo Rigoberta Menchú y así nació mi conciencia» fue la frase con la que esta indígena guatemalteca tituló la historia de su vida. Una historia que conmovió al mundo y dio inicio a una acción social y política que ha convertido a esta mujer en el espíritu vivo de los pueblos indígenas latinoamericanos.

Rigoberta Menchú Tum nació en Chimel, un pueblito maya-quiché, en San Miguel de Uspantán, Guatemala en 1959. Hija de un campesino, al igual que tanta gente indígena, perdió a varios miembros de su familia a manos de los asesinos orquestados por el entonces gobierno ladino. Su padre, Vicente Menchú, participó en una protesta contra el gobierno antes de que este fuera secuestrado y asesinado por el gobierno. Después de la muerte de su padre, la madre de Rigoberta fue violada, torturada y asesinada. La armada también asesinó a Patrocinio, hermanito de Rigoberta. Estos crímenes, junto con la actuación social de su padre y de numerosos vecinos del barrio, constituyeron el primer motivo de concientización social por parte de Rigoberta, corría el año de 1980.

Ese mismo año, Rigoberta dirigió a ochenta mil manifestantes y estuvo a punto de morir en su huelga de hambre. Fue entonces cuando se comprometió de lleno con la lucha, de denunciar y reivindicar los derechos humanos de los pueblos indígenas guatemaltecos, decisión que le costó numerosas amenazas y persecuciones. A raíz de su lucha, el gobierno la declaró como enemiga en 1981 razón por la que tuvo que huir de Guatemala al exilio en México. Durante este tiempo fuera de su país natal, conoció mucha gente que mostró empatía por la causa indígena, no solo de Guatemala sino de toda América latina

Entonces su voz vino desde el exilio en México y narró una dramática historia de opresión y de confrontaciones en la que cayeron cinco de sus más cercanos familiares. Durante una semana fue entrevistada por un antropólogo francés quien luego produciría el libro Yo, Rigoberta Menchú. El libro obtuvo una gran aclamación por parte de la sociedad internacional, poniendo a Guatemala bajo la mira. Elevó el status de Rigoberta desde una campesina indígena a una leyenda viva.

En 1982 se convirtió en la primera indígena en participar en la formación del Grupo de Trabajo sobre poblaciones Indígenas en la ONU, y en 1983, publicó su libro autobiográfico. En 1992, año en que se recordaron los 500 años de presencia española en América, le fue concedido el premio Nobel de la Paz por su trabajo en favor de la justicia social y la reconciliación entre los diferentes grupos étnicos de Guatemala. Con el dinero del premio creó una fundación, establecida en México, para apoyar a los pueblos indígenas del continente. En 1993 retornó a su país y un año más tarde, se firmó la paz entre el Gobierno y los rebeldes, una paz que todavía acarrea interrogantes y desde entonces es embajadora de la paz de la ONU.

Hoy Rigoberta Menchú es un ejemplo vivo de lo que las mujeres representan para la humanidad, sin importar su status social, pues ella una indígena guatemalteca logró hacer que todo un pueblo reflexionara, con amor, entrega y sacrificios personales, antes las desdichas que azotaron a su familia como a su pueblo jamás perdió la Fe, e hizo lo impensable cambió la historia de su país.