Conforme se deterioran las expectativas de crecimiento para el país, que se reflejan en menores niveles de recaudación que merman la capacidad del gasto y ponen en riesgo la sostenibilidad de las finanzas públicas, crece entre organismo financieros internacionales, analistas y actores empresariales la necesidad de revisar a fondo las bases sobre las cuales se encuentra cimentada nuestra economía.

En efecto, el Fondo Monetario Internacional (FMI) recortó este viernes (11 de octubre de 2019) su pronóstico de crecimiento económico para México en 2019 desde 0.9% a 0.4%. Para el próximo año, la entidad ajustó su estimación de 1.9% a 1.6%.

Para los analistas nacionales y extranjeros consultados por el Banco de México, al mes de septiembre la expectativa de crecimiento para 2019 es de 0.46% (mediana) y para 2020 de 1.38%. Estos datos reflejan una tendencia similar a la del FMI, pero son más conservadores respecto al próximo año.

A los datos anteriores se acumulan las difíciles condiciones que México enfrenta en esta coyuntura. Por ejemplo, el INEGI dio a conocer que la inversión fija bruta, en su comparación anual, cayó -9.1% en términos reales en el mes de julio respecto a 2018, lo cual es la peor caída desde el mes de noviembre de 2009. A su interior, los gastos en maquinaria y equipo total descendieron -12.8% y en construcción lo hicieron en -6.9% con relación a los de igual mes de 2018.

La inversión fija bruta registró una disminución en términos reales de -0.7% durante julio de 2019, respecto mes inmediato anterior. Por componentes, los gastos en construcción se redujeron -1.5% y los efectuados en maquinaria y equipo total -0.7% en el mismo mes.

Con respecto al indicador mensual del consumo privado en el mercado interior, el INEGI informó que no registró variación durante julio de 2019 frente al mes inmediato anterior, lo que habla de un estancamiento y del menor dinamismo en el consumo que repercute en una menor actividad económica y, por ende, en menores tasas inflacionarias. En su comparación anual, este indicador mostró un avance real de apenas 1% en julio con respecto al mismo mes de 2018.

En esta situación de lento crecimiento y estancamiento como la que se vive actualmente, aumenta la preocupación por el destino del sistema de pensiones del país, la deuda soberana y la de Pemex, así como la debilidad estructural de los ingresos públicos, en particular en cuanto a la debilidad del IVA. Debido a ello, se ha propuesto poner en marcha esquemas más ágiles para atender los requerimientos del sistema de pensiones, políticas fiscales más favorables al crecimiento e inclusivas, que coloquen la deuda en una senda descendente, que estimulen el aumento de los ingresos no petroleros y el mejoramiento de la eficiencia del gasto.

La revisión del sistema de pensiones no sólo se reduce al debate en cuanto a la edad en que las personas deban jubilarse, sino a varios temas que pueden incluir las condiciones laborales de movilidad y flexibilidad, los derechos de los trabajadores, la corresponsabilidad entre trabajadores y empleadores, la gestión fiduciaria, la correlación entre patrimonio inmobiliario del trabajador y su ahorro para el retiro, las mayores aportaciones voluntarias y el mayor control por parte de los trabajadores en las condiciones de su retiro.

La revisión del sistema tributario en su conjunto deberá traducirse en el fortalecimiento de los ingresos del IVA, la ampliación de los conceptos a gravar y la revisión del régimen tributario en las fronteras, el cual distorsiona y erosiona la base impositiva. Esta revisión debería incluir una reforma en los impuestos locales referente a la propiedad y al registro de vehículos, a fin de reducir las transferencias del gobierno federal a los estados y municipios y alentar la responsabilidad fiscal.

El tema de Pemex es fundamental, por lo que es urgente reconsiderar su plan de negocios con el objetivo de mejorar la rentabilidad de la empresa y proporcionar un alivio al presupuesto.

Estos son tres riesgos que se complican en condiciones de estancamiento y requieren de políticas audaces y que impacten en las condiciones del crecimiento en el corto plazo. Los mexicanos aún esperamos la reacción del gobierno de la 4T, incluso más allá del presupuesto de 2020, a través de una políticas anticíclicas. La moneda sigue en el aire.