Mientras comía en un pequeño restaurante, escuché a algunas personas (no mexicanas) hablar de México. La conversación, que giraba en torno a la toma de protesta de Andrés Manuel López Obrador como presidente, se encontraba llena de los usuales lugares comunes de parte de quienes no comulgan con eso que nebulosamente llaman “la izquierda” y a la cual incluso el más tibio social demócrata (en sociedades tan desiguales como la nuestra, esto alcanza hasta a algunos liberales “progresistas” –con disculpa del oxímoron-) se encuentra ya acostumbrado, por lo que dejé pasar los dichos exactamente como lo que eran: una conversación privada entre personas que no tienen una muy clara idea de lo que sucedía en nuestro país.

Un comentario, sin embargo, me impulsó a interrumpirles; de acuerdo a quien hablaba, la caravana migrante era resultado del miedo de la gente por “la llegada de un régimen comunista”, donde claramente, cientos de miles de mexicanos intentaban cruzar la frontera para escapar. Los migrantes, reviré, son un fenómeno con profundas raíces históricas y sociales, ancladas en el colonialismo de los países del norte, que imposibilitan las condiciones dignas de vida generalizadas en nuestras naciones (impulsando el desarrollo de élites locales, exigiendo el uso de la fuerza policial, militar e incluso paramilitar cuando es preciso para mantener sus propiedades y privilegios coloniales, explotando la mano de obra y los recursos naturales de maneras que en su propio país prohíben, etc.) que tenían poco o nada que ver con un cambio de partido en un régimen como el nuestro, que sin importar quien gobierne, tiene pocas posibilidades de mudar las formas (neo)liberales, racistas y patriarcales.

Lo más sencillo en este caso, habría sido simplemente corregir la idea de que la mayoría de los migrantes en la caravana que está siendo seguida por los medios de comunicación internacional no son mexicanos, sino de otras naciones centroamericanas. Digo la mayoría, porque resulta claro que muchas y muchos mexicanos empobrecidos se han unido a esta a lo largo de su paso por el país para aprovechar las condiciones de seguridad y compañía para intentar pasar a Estados Unidos, porque de todas formas, sin ellas, lo habrían intentado en un momento u otro. Consideré sin embargo, que esta respuesta no satisfacía los parámetros de una forma de entender la práctica política desde y hacia la izquierda, pues simplemente recorre la “culpa” de la migración hacia naciones colonizadas y explotadas como nosotros, en lugar de observar la multiplicidad de fenómenos que le causan y en los cuales nosotros tenemos un papel doble: por un lado, sufrimos los procesos coloniales de explotación de las potencias del norte global; por otro, actuamos como potencia explotadora regional intermedia con los países de América Latina que se encuentran en nuestra esfera.

Esta respuesta generó por parte de mi interlocutor, una agudización de su crítica a la izquierda y principalmente, de los postulados “comunistas” (como suele suceder, sin mencionar a qué postulados, ideas o incluso, forma de comunismo se refería). Estos comentarios los escuchamos todas y todos a lo largo de la campaña presidencial y aun ahora, existen algunos que los repiten como si se tratara de un mantra de invocación antes que un intento descriptivo de la realidad. En la época de la posverdad “comunismo”, “marxismo cultural”, “ideología de género” e incluso “feminismo” se han vuelto palabras cuyo significado se desconoce con exactitud, pero que son usadas como insulto genérico, como palabras malas en sí mismas que no requieren ser explicadas por tratarse de verdades evidentes y obvias.

Los calificativos “izquierda” y “derecha” tienen una dimensión situacional concreta. En cada país, en cada situación, incluso dentro de cada grupo político, habrá siempre posturas que se encontrarán más a la derecha o más a la izquierda que otras. Si una de las propuestas consiste en la eliminación total de la propiedad privada y la destrucción de las normatividad externa y heterónoma, una postura que busque desarrollar exclusivamente una forma centralizada de toma de decisiones sociales respecto a las normas sociales de convivencia se colocará “a la derecha”. No obstante, esa misma búsqueda, se encontrará totalmente a la izquierda de los grupos libertarios que pretenden un férreo control de la vida comunitaria por parte de un reducido grupo que posee, mediante despojo legitimado, los medios de producción social.

La combinación de estos dos factores, el desdibujamiento de los conceptos hasta volverlos vacíos y la caracterización situacional de la izquierda y la derecha, permite a algunas personas mentir descaradamente al decir que el nuevo gobierno de México es comunista (o socialista incluso), o bien pensar que no pueden existir diferencias ideológicas, tácticas o estratégicas entre grupos tan disímbolos como Morena, el EZLN, los sindicatos y los grupos intelectuales del liberalismo progresista.

En la coyuntura electoral del país, el Movimiento de Regeneración Nacional se coloca a la izquierda del resto de las opciones institucionales. Se ha visto ya con claridad en este primer mes de gobierno, con la aprobación del presupuesto social más grande de la historia del México moderno, con acercamientos a la democracia participativa mediante consultas (técnicamente mal realizadas, pero legítimas en su búsqueda) y especialmente, mediante la disminución del gasto público tendiente a la creación de élites y privilegios (que se diferencia enormemente de la disminución neoliberal abierta del gasto público, que generalmente se concentra en servicios y atención pública) y el aumento del salario mínimo. Esto no significa, sin embargo, que todas las acciones (y los actores) de Morena sean de izquierda, como se ha visto con la promoción dada a la fallida estrategia confrontacional de seguridad mediante la Guardia Nacional o la creación de un grupo de empresarios notables que servirán como consultores del gobierno, ni mucho menos que toda la izquierda pase por el filtro de Morena.

En días recientes, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional ha realizado un llamado a la resistencia en contra de lo que considera, son políticas extractivistas y depredadoras por parte del nuevo gobierno, en particular el llamado Tren Maya. Esto ha sido visto, especialmente por personas de poca militancia política (o de malas intenciones en ella), como una razón para descalificar al EZ y su lucha, o bien, como una intento de este movimiento de desacreditar al gobierno y sus propuestas por parte de actores que, según la visión racista siempre presente tanto en la derecha como en la izquierda citadina, se encontrarían “detrás” (y por encima) de los pueblos indígenas (a quienes, de esta manera, no se cree capaz de realizar una organización propia).

Existen, resulta claro, razones de sobra para el llamado del Ejército Zapatista. La historia ha enseñado a los pueblos indígenas que sin importar qué tanto “progreso”, “desarrollo”, “bienestar” traigan los megaproyectos; sin importar que tan cuidadosos, respetuosos y sustentables sean y cualquiera que sea la ganancia que se obtenga de ellos, en una sociedad racista como la nuestra, los riesgos, peligros y pérdidas serán asumidos por los indígenas, el ambiente y los pobres, mientras que los beneficios serán dirigidos a una pequeña minoría. La crítica no es, pues, una crítica al proyecto en sí mismo, ni al gobierno en turno, sino a un modo de producción y reproducción social que se sustenta en la explotación y el extractivismo.

Contrario a lo que ha sido repetido de manera constante en redes sociales, tanto el EZ como el Concejo Indígena de Gobierno han desarrollado esta crítica en el pasado de forma reiterada. De nueva cuenta: no se trata ni de una crítica al gobierno en turno, ni a las políticas concretas que desarrolla en sí mismas, sino a una forma particular de hacer política, que Morena, como el resto de los partidos, reproduce de forma sistemática. Es una crítica claramente de izquierda que se realiza a esta forma y no será, debe aceptarse, la única.

La crítica, tanto externa como interna, resulta necesaria para la formación de un proyecto de izquierda. Un proyecto embrionario que debe aprovechar el impulso popular y la legitimidad de un partido político, pero al mismo tiempo entender que es diferente a él. Es el largo camino de la izquierda: saber que no pertenece a una estructura cerrada ni acepta incondicionalmente, todo lo que se presenta bajo su nombre.

En Puebla: La muerte de Martha Érika Alonso, Gobernadora Constitucional de nuestro Estado y su esposo, el Senador Rafael Moreno Valle Rosas, ha enrarecido el ambiente. Con independencia de todo lo que está aún por suceder en Puebla, el Congreso del Estado tiene ahora la responsabilidad de elegir a un gobernador interino para que convoque a elecciones y en un máximo de 5 meses y 10 días, tengamos un(a) nuevo(a) gobernador(a) por elección universal y directa.

A pesar de estar plenamente convencido de que la anterior elección de gobernador y su calificación por las instancias jurisdiccionales electorales derivaron en un gobierno ilegítimo, considero que es obligación del Congreso respetar la institucionalidad del poder ejecutivo y que el gobernador interino debe ser alguien no sólo de Acción Nacional (que no fue el único partido que ganó la elección, ojo), sino incluso alguien del equipo de Martha Érika Alonso.

De la misma forma, considero que lucrar con el accidente con miras de ganar en las elecciones a desarrollarse dentro de algunos meses, es algo terrible, que demuestra una cortedad política y democrática que Puebla no merece. Por ello, adelanto, mi voto no será para absolutamente nadie que lleve a cabo estas acciones. Ni intentar atacar a los adversarios políticos culpándolos falsamente, ni intentar burlarse de este lamentable hecho son actitudes que yo busque en el gobierno de mi estado.

Las investigaciones sobre el accidente deben ser claras, transparentes e imparciales; realizadas por especialistas técnicos. Como es obvio, siempre habrá gente que dudará de los resultados, pues estos no estarán en consonancia con sus propios prejuicios y estos son siempre más cómodos de seguir que la verdad objetiva, si es contraria a nuestras ideas. De la misma forma, la investigación (que es rutinaria y obligatoria) sobre la administración de Moreno Valle y sus irregularidades (que de la misma manera, son normales dada la complejidad de las cuentas públicas) debe continuarse como si ellos, los dos, continuaran con vida, al igual que todos los posibles procedimientos que se deriven penal, administrativa o civilmente por todo lo que aconteció en el estado durante ese sexenio.

Que los vivos no busquen aprovecharse de la muerte de dos personas, ni para denostarles, ni para santificarles. Que la democracia, que tanto ha tardado en llegar a nuestro estado, encuentre por esta desgracia terrible su camino.

Espero que Puebla merezca más que el odio y la división que ahora veo. Espero que los poblanos estemos a la altura de lo que viene ahora.

Sergio Martín Tapia Argüello.
Twitter: @parin75