A medida que la elección se acerca, las discusiones y los debates políticos bajan tanto en calidad, como en profundidad. Esto tiene que ver, claramente, con diversas razones:

1) La imposibilidad que tenemos en muchas ocasiones de exteriorizar de forma coherente y adecuada, nuestras razones a través de una argumentación lógica y congruente. Esto quiere decir, que sabemos lo que sabemos, pero no sabemos cómo decirlo o no al menos, de una manera correcta.

2) Debido a una incorrecta preparación en una cultura de la democracia, pensamos que nuestras “ideas” son irrefutables por ser “nuestras”, es decir que cualquiera que se atreva a mostrar las incongruencias de lo que decimos, está de alguna manera, vulnerándonos, faltándonos el respeto.

3) Confundimos la crítica a nuestras ideas y planteamientos con una crítica hacia nosotros. Es decir, debido a poca práctica en el debate público, creemos que si una persona nos dice que algo que estamos diciendo está equivocado, está diciendo que nosotros somos tontos.

4) Nuestro limitado conocimiento sobre un tema, hace que no contemos con información adecuada o bien, que no tengamos habilidades adecuadas para unir informaciones separadas pero relacionadas que tenemos enfrente, por lo que no entendemos. Este fenómeno, estudiado en psicología, se llama “efecto Dunning Kruger” y muestra que hay un cierto nivel de desconocimiento en donde la gente no sabe ni siquiera no sabe (y cosa curiosa, actúa como si supiera).

5) Tenemos un rechazo a alguna postura política por motivos puramente emotivos y personales, pero insistimos en poner este rechazo como algo “objetivo”, “imparcial” y “racional”.

Todos estos problemas, pueden ser identificados fácilmente: si alguien suele burlarse despectivamente, pero sin dar razones de por qué lo hace, de quienes tienen pensamientos diferentes (llamándoles, por ejemplo, “chairo”, “feminazi”, “tragatortas”, etc); si alguien suele “responder” colocando videos de 43 minutos donde no se habla del tema ni de alguno relacionado sin ningún contexto con una actitud triunfalista de “jaque mate”; si alguien repite constantemente “es mi muro”, “yo aquí tengo libertad de expresión”, “si no le gusta lo que opino váyase”; si alguien bloquea, cierra la conversación, amenaza o peor aun, agrede a quienes de forma respetuosa le interpelan; pueden estar seguros que están ante uno de estos casos.

Junto con esta dinámica contra el debate público, existe un proceso que cierra la pinza de la antidemocracia: la naturalización de la mentira bajo el argumento de que “todo vale” en las campañas (lo que se reproduce, debe decirse, en todos los aspectos de la vida).

¿Por qué miente la gente sobre aquellos a quienes entiende como sus rivales políticos? Claro, intentar que la gente crea las mentiras es importante, pero lo primordial es arrebatar la iniciativa en el discurso público. Si mienten sobre ti, lo primero que debes hacer es demostrar que es una mentira, lo que quita tiempo que podrías aprovechar para hablar de otras cosas, como tus propuestas, por ejemplo.

Y si la mentira se vuelve algo sistemático, estarás siempre a la defensiva, lo que hará que la gente no te escuche ya a ti, sino tan sólo a tus defensas.

De esa forma, te obligan a perder la voz, a volverte un actor subordinado y a aparecer como alguien que no propone nada, sino tan sólo se defiende. Y entonces, para quienes por clasismo, racismo o pura y simple interiorización de los discursos de odio contra ti que se han formado, todo serán excusas y silencios.

Considero que todas estas cosas son profundamente peligrosas. Como he mencionado arriba, reflejan no sólo una falta de pensamiento crítico (en sentido crítico crítico como bromearan Marx y Engels) y de pocas habilidades de debate (lo que en nuestro país, profundamente desigual, no es raro), sino una tendencia al autoritarismo y contra la democracia.

Ahora más que nunca se requieren todas estas herramientas. Verán: si como tal parece que sucede, la izquierda gana estas elecciones, no hay nada peor que pueda pasar, que no exista una postura crítica, democrática, preparada, del otro lado. Y no hay nada peor, porque entonces lo que se pondrá enfrente, para atrapar todas las necesarias y normales quejas contra el gobierno en turno, serán visiones totalitarias, antidemocráticas, racistas, xenófobas, supremacistas, etc. Por otra parte, si la izquierda no gana, la felicidad de esas mismas posturas será tal, que inundarán el discurso público y se volverán la cabeza de lanza del México que saldrá al futuro.

Gramsci decía que todo triunfo del fascismo en la historia, venía de una oportunidad revolucionaria desperdiciada. Por ello, porque necesitamos que eso no pase, es que todas y todos, desde la izquierda y desde la derecha, no podemos olvidar nuestro compromiso público y democrático: luchar con las armas de la verdad, la razón y el sentir, para buscar un mundo mejor para todas y todos.

Aunque no compartamos como lograrlo. De eso se trata el debate público, democrático y ético. Nuestro país merece más. Merece algo mejor. No el odio que separa y deshumaniza, no la mentira.

Sergio Martín Tapia Argüello.
Twitter: @parin75