A partir del mes de junio de 2018 la actividad económica correspondiente al sector de la industria nacional comenzó a caer. Desde ese mes se ha venido contrayendo y ahora registra datos similares a los de enero-febrero de 2014.

En efecto, el INEGI dio a conocer que el Indicador Mensual de la Actividad Industrial (IMAI) cayó -0.3% en términos reales en el último mes de 2019 respecto al del mes inmediato anterior, con base en cifras desestacionalizadas.

Además, por componentes, la industria minera descendió -0.9%. Por su parte, tanto la construcción como la generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final crecieron 0.6% cada una, en tanto las industrias manufactureras lo hicieron en 0.5% durante diciembre de 2019 frente al mes anterior.

En su comparación anual, la producción industrial retrocedió -1% en el mes de diciembre de 2019 respecto al de 2018. Por sectores de actividad económica, la construcción se redujo -4.9% y las industrias manufactureras -0.7%, mientras que la generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final se incrementó 6.8% y la minería 0.5%.

Por otra parte, la inversión fija bruta, que representa los gastos que se efectúan en maquinaria y equipo de origen nacional e importado, así como los de construcción, registró un aumento en términos reales de 1.1% durante noviembre de 2019 respecto al mes de octubre anterior, con cifras desestacionalizadas. Por componentes, los gastos en maquinaria y equipo total se incrementaron 2.7% y los efectuados en construcción crecieron 1.2%, durante el penúltimo mes de 2019 respecto al mes precedente.

Sin embargo, la inversión fija bruta se redujo -2.8% en términos reales en el mes de noviembre de 2019 respecto al mismo mes de 2018. A su interior, los gastos en maquinaria y equipo total descendieron -2.5% y en construcción -2.4%. Estos datos implican que este indicador registra desde enero-febrero de 2019 una caída vertical.

En un contexto de estabilidad y de tasas de interés a la baja (el Banco de México redujo a 7% la tasa de interés para mantener la inflación baja y estable), la contracción de la industria y la caída de la inversión fija parecen reflejar, por un lado, una errática política económica del gobierno federal, acompañada de una débil política fiscal y, por otro lado, una pérdida de confianza en el gobierno, tendencias que son corroboradas por el consumo privado en el mercado interior que aumentó 0.6% en noviembre de 2019 frente al mes inmediato anterior y mostró un avance real de 1.1% en noviembre de 2019 respecto al mismo mes de 2018.

Lo anterior significa que personas y economías familiares han seguido consumiendo bienes y servicios de origen nacional e importado, lo que muestra que el PIB por el lado de la demanda sigue un curso lento pero ascendente, mientras las grandes inversiones se han detenido y la producción se ha estancado.

Dependerá de la agresividad, inteligencia y agudeza proyectiva e innovadora gubernamental el que esta situación de cuasi recesión sea remontada en los próximos tres o cuatro meses, pues de lo contrario puede caerse en un escenario de contracción por varios meses más, lo que podría dar como resultado un año 2020 en el que no se alcance la meta de crecer al 2% (como lo señaló la secretaría de Hacienda) y sea de escaso crecimiento y con escasas posibilidades de progreso y desarrollo, no obstante el optimismo gubernamental y su énfasis discursivo que deslinda crecimiento de desarrollo.