En la actualidad, las concentraciones de CO2 y de metano representan dos de los principales agentes causantes del efecto invernadero.

Para entender mejor esta problemática es necesario conocer las fuentes y la transformación de los contaminantes en la atmósfera, un trabajo que el doctor Marco Antonio Mora Ramírez, investigador del Instituto de Ciencias de la BUAP, expuso este día con la conferencia “Estudios sobre aerosoles en México”, en el marco del 9º Congreso Nacional de Investigación en Cambio Climático.

Organizado por el Departamento de Investigación en Biodiversidad, Alimentación y Cambio Climático, del Instituto de Ciencias de la BUAP, y el PINCC-UNAM, en el segundo día de trabajos Mora Ramírez presentó un estudio realizado entre 2003 y 2015 en el área metropolitana, en el que analizó la caracterización de aerosoles detectados en el ambiente en forma remota, a través de modelos de trayectoria de masa de aire y composición química.

En su estudio determinó, entre otras cosas, que las emisiones de combustión de biomasa más extensas ocurren entre marzo y mayo, junto con los valores más altos de profundidad óptica de aerosol, índice de aerosol ultravioleta y valores de concentración de masa de partículas en la superficie.

Los modelos de calidad del aire constituyen una herramienta importante para llevar a cabo esta tarea. Sin embargo, el proceso de verificación de los resultados del modelo puede ser aún más significativo, destacó Mora Ramírez, quien explicó que el estudio de los aerosoles es importante porque algunos contienen partículas que son muy pequeñas, conocidas como PM2.5, las cuales, por su presencia en la atmósfera, pueden entrar al organismo y generar daños severos en la salud.

Su estudio relacionado con los aerosoles consistió en una climatología realizada en la megalópolis, con datos obtenidos de estaciones de monitoreo ambiental colocadas en diferentes partes, en el periodo de 2003 a 2015.

El trabajo tomó en cuenta parámetros como temperatura, humedad, velocidad del viento, estudio de partículas, así como la química de la precipitación y datos tomados de imágenes satelitales. También espesor óptico, el cual da una idea desde el espacio de qué tan transparente se observa la atmósfera, en la cual se pueden apreciar las partículas suspendidas.

“Combinamos los datos de estaciones de monitoreo, datos de percepción remota (vistos desde los satélites), también ocupamos un par de modelos, uno de ellos el de reanálisis de datos y otro para conocer de dónde provenía el aire, todo eso para medir los aerosoles que estaban suspendidos”.

A través de resolver un conjunto de ecuaciones diferenciales, el investigador y su equipo pudieron calcular de dónde provienen ciertos elementos de volumen. Esa combinación de datos permitió, por un lado, construir modelos de trayectoria y por otro, determinar picos en los meses de mayo y abril, principalmente en la zona del pacífico.

En junio, julio y agosto, por ejemplo, observaron que el viento predomina en la zona de Yucatán, mientras que en septiembre, octubre y noviembre venía del Golfo. Además del factor de las corrientes de viento, encontraron la variante de los incendios, los cuales fueron detectados por imágenes satelitales, que se registraron más en mayo.

“Además de esto, en esa época del año, el viento va del Pacífico al centro, y por eso en la zona centro de la megalópolis, en esta época del año, los incendios generaban mayores índices de contaminación. Los datos nos están diciendo que la calidad del aire en la ciudad de Puebla y de México tiene que ver más con los incendios que con las emisiones locales”.