económico y hacer que México avance. Una de las variables para ello es la inversión, no sólo la pública mediante una contundente orientación del gasto, sino de manera fundamental la privada.

Hacer que la inversión crezca y de manera sostenible depende de múltiples factores coyunturales y estructurales, así como de un ejercicio fino y estratégico de gobernación. Sin embargo, como lo hemos dicho en otras ocasiones, la inversión no crece sino cuando hay condiciones que impactan favorablemente la formación de capital y ésta, a su vez, se sustenta en un ahorro que puede provenir de la economía interna e internacional para financiarla.

La inversión se amplía si logra combinar el aumento del consumo de corto plazo con la expansión de la oferta productiva y el mejoramiento de la productividad. No obstante, este proceso se complica debido a fallas de coordinación y la presencia de incertidumbre, volatilidad internacional y falta de confianza.

Aunque se han efectuado transferencias directas a personas y familias a través de los llamados programas de bienestar, el gasto público distribuido con fines electorales no ha logrado del todo en el corto plazo elevar el consumo de las familias y éste ha sido absorbido por el sector informal que pesa sobre nuestro desempeño económico.

El resultado es un desánimo social y la aparición de una apatía que se traduce en expectativas desfavorables. El grado de optimismo o pesimismo que los consumidores pueden sentir respecto a la situación general de la economía, al igual que las perspectivas acerca del momento financiero personal por el que atraviesan, tienen una influencia determinante en los patrones de comportamiento.

En esencia, si la confianza del consumidor es mayor, los consumidores están haciendo más compras, impulsando la expansión económica. Por otra parte, si la confianza es menor, los consumidores tienden a ahorrar más y gastar menos, lo que provoca contracciones en la economía.

Una tendencia en la disminución en la confianza del consumidor sugiere que, en el estado actual de la economía, la mayoría de los consumidores tienen una visión negativa sobre la capacidad para encontrar y conservar buenos empleos, gastar con seguridad y comprometerse a efectuar compras de bienes duraderos. Por otro lado, si los consumidores se sienten seguros sobre la estabilidad de sus empleos e ingresos, sus actividades de consumo y su futuro inmediato, es un indicio en cuanto a la confianza que la economía brinda.

El Índice Nacional de Confianza del Consumidor (INCC) que publican conjuntamente el Banco de México y el INEGI, es un indicador que pretende medir precisamente este grado de seguridad y certeza entre quienes actuamos como consumidores.

El INCC se conforma de cinco indicadores parciales. Dos recogen las opiniones sobre la situación económica actual y esperada del hogar de los entrevistados; otros dos captan las percepciones sobre la situación económica presente y futura del país y un quinto considera la visión de los consumidores acerca de qué tan propicio es el momento actual para la adquisición de bienes de consumo duradero.

Los últimos datos dados a conocer (4 de julio de 2019) señalan que en su comparación anual, en junio de 2019 el INCC registró un crecimiento de 6.7 puntos con datos ajustados por estacionalidad. Empero, respecto al mes inmediato anterior registró una disminución mensual de (-)0.6 puntos, también con cifras desestacionalizadas.

A su interior del índice, se observaron disminuciones mensuales en términos desestacionalizados en los componentes que evalúan la situación económica esperada dentro de doce meses de los miembros del hogar, la situación económica futura del país y la posibilidad en el momento actual de los miembros del hogar para realizar compras de bienes durables. En contraste, los rubros que captan la percepción sobre la situación económica actual, tanto de los miembros del hogar, como del país, presentaron avances mensuales.

Estos datos quieren decir una merma en la confianza futura tanto en el país como en las posibilidades de mejoría en nuestros hogares, lo que se traduce en menores expectativas respecto a comprar bienes durables.

El pesimismo y las evaluaciones a la baja de la economía nacional han incidido en el entusiasmo de las personas mostrado a principios de este año. Ojalá esta tendencia no sea desconocida por el gobierno y se actúe en consecuencia. De otra forma, lejos de contribuir a mejorar las condiciones de gobernabilidad y de confianza institucional, el gobierno de la “cuarta transformación” puede inhibir ambas.